icono-sumario ‘Somos un colectivo partidario de una expresión cultural recogida por la legislación vigente y amparada por la Constitución. Una argumentación absolutamente escrupulosa que ningún tribunal, español o europeo, podría dejar de aceptar’

icono-sumario ‘La programación estratégica de la reiteración en redes sociales es el arma de los violentos, estrategia que campa a sus anchas de forma impune y sin miedo’

Datxu Peris, a su llegada a la vista oral de esta mañana I EL MUNDO.ESlinea-punteada-firma1

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Somos un colectivo. Agredido y violentado como tal, de forma continuada y pública. Colectivo objeto y sujeto de uno de los delitos criminales socialmente más perversos, pues su origen no llama jamás a otro final que a la desaparición de los violentados: el delito de incitación al odio. Los afines a la Tauromaquia, desde el aficionado, el sujeto público, hasta el profesional o sujeto activo, son un colectivo definido en tiempo y espacio en sus dos vertientes, que la ley ha de reconocer y amparar. Por otra parte, y más a favor nuestro, el Código Penal ya ha tipificado el ‘delito de acecho’ (Stalking y cyberestalking) del que somos víctimas cada día en las redes sociales.

Desde el punto de vista de actividad reglada y continuada en tiempo espacio, el grupo humano de mujeres y hombres ganaderos, toreros, empresarios, y todos los que conforman el mundo profesional, amateur, forman un colectivo innegable en su modelo de vida y creencia, más añejo en el tiempo que cualquier colectivo al que se le pueda aplicar una persecución por delitos de incitación al odio: léase, por ejemplo, el racismo, el fascismo, el nazismo. Mucho antes de la existencia de un delito fascista o racista de incitación al odio, existe el colectivo de la Tauromaquia y, por tanto, existe ese delito contra ese colectivo. Esta es una cuestión innegable y con fácil argumentación histórica ante un tribunal.

Desde ‘lo social’, somos, en tiempo y espacio, un colectivo permanente afín a lo que el anterior grupo (los que pertenecen a la actividad reglada) realiza: criar y torear toros. Es innegable y de fácil documentación, que este colectivo existe y que, como indica la ley, somos afines a creencias, ideas, modos de pensar… Y, sobre todo, somos un colectivo partidario, (insistimos, en tiempo y espacio) de una expresión cultural recogida por la legislación vigente y amparada por la Constitución. Una argumentación absolutamente escrupulosa que ningún tribunal, español o europeo, podría dejar de aceptar.

No somos acusados, acosados, perseguidos, discriminados socialmente, estigmatizados como asesinos y bárbaros por razón de individuo. No soy acosado y discriminado por ser periodista sino por ser filotaurino. Un torero no es satanizado y vejado por ser otra cosa que torero, un ganadero no lo es por ser ganadero sino por serlo de toros bravos. Un abogado, fontanero, maestro, soldado, camarero… no es acosado, insultado, escupido… en razón de su profesión sino que todos lo son por ser filotaurinos. ¿No es esta una certificación más que notarial de que somos un colectivo perseguido por nuestros principios, ideas y cultura común y que estamos ante un delito de incitación al odio?

Hasta que el sector no trabaje y logre que la Tauromaquia sea vista ante la ley como colectivo, de nada servirá que alguien ponga una demanda particular contra un insultador violento. Juicio menor. Multa apenas. Busquemos el amparo de la ley que nos corresponde como derecho de una vez por todas. El artículo 510 del Código Penal castiga con prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses a aquellos que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía.

Estamos obligados a luchar enérgicamente contra todos los eventuales gérmenes del odio colectivo. Esta frase, firmada por el humanista, escritor y presidente de Checoslovaquia Václav Havel, hombre clave en la transición post comunista, motivó en la ONU un sentimiento de obligada audacia y vigilancia contra cualquier odio en contra de colectivos, que tanta barbarie había provocado en Europa. Se nos odia de forma evidente y documentada. Se nos odio por nuestra participación a un colectivo. Y el odio consensuado en campaña es una persecución que sólo finaliza cuando el odiado ha sido erradicado después de ser perseguido en sus derechos colectivos., que no son otros que su libre concurrencia social en tolerancia.

Somos un colectivo. Discriminado y objeto de un delito contrastado y consumado de incitación de odio que busca nuestra desaparición y estigmatización social a través de la ira más falsaria y la mentira. Shakespeare afirmó que ‘si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin mayor fundamento’. La Justicia no nos desampara, somos notros los que hemos de trabajar con eficacia, talento y constancia para lograr su amparo.

Las redes sociales, además, hacen posible el delito de forma veloz y continuada. Programada. No nos cabe duda alguna que la programación estratégica de la reiteración es el arma de los violentos. Realizada contra nosotros como colectivo dentro del Gran Colectivo Global que son las redes e internet. Estrategia que campa a sus anchas de forma impune y sin miedo. ¿Qué estrategia tiene temor a una multa básica? Ninguna, pues, en retroalimentación de estrategia, multa es igual a impunidad, logrando más mensajes de victoria: seguid persiguiendo porque es casi gratis. Seguid insultado y acosando porque la ley sólo nos pone una mínima multa. Ya basta. ¿No somos conscientes de esa estrategia de victoria ante la impunidad? ¿De qué sirve una multa a alguien individual sobre una demanda individual? De más insultos.

¿Tenemos capacidad para poner fin a esta situación? Por supuesto. El ordenamiento penal español ya ha concretado las conductas de stalking, también denominado acecho o acoso predatorio. Ha realizado una definición del concepto y de sus características, con una referencia a las diferencias con otras modalidades de acoso. En España la ley concreta el stalking, y su nueva modalidad, el cyberstalking (acoso estratégico, constante, oculto, masificado en las redes), por presentar particularidades respecto al stalking tradicional y constituir un fenómeno creciente en la sociedad actual surgido a raíz de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información.

Los gestores del toreo deberían estudiarse el nuevo artículo 172 ter del Código Penal español que tipifica el stalking, y estudiar las sentencias (y jurisprudencias) que existen en EEUU y otros paííses europeos sobre lo que ya queda tipificado como delito: cyberstalking. Algo que estamos viviendo en nuestras carnes.