Poco que destacar en la segunda de la Feria de Arganda del Rey (Madrid), en la que el juego soso y el descastamiento de los novillos convirtieron la tarde en anodina. Manejable fue el cuarto, pero justo de fuerzas y sin terminar de humillar. A éste, Ángel González lo cuidó desde el inicio de faena con ayudados por alto y consiguió engancharlo con la diestra a base de pulsearlo mucho. Fue bueno el planteamiento y hubo muletazos de calidad, pero a la faena en conjunto le falto ligazón, ritmo y transmisión, debido a las condiciones de la res. Epilogó la faena con una soberbia estocada en el hoyo de las agujas, entrando a ley, que por sí sola fue merecedora de la oreja. Con el que cerró plaza se mostró voluntarioso; echó la muleta adelante, pero no pudo alargar los muletazos ante el genio de su oponente, que se fue quedando cada vez más corto.

Antonio Barea lo intentó en el primero, pero el novillo presentó la complicación de rebañar por ambos pitones, llegando a levantarle los pies del suelo, aunque sin consecuencias. Aun así se mostró firme con el novillo. Con el cuarto, se aburrió en una faena con muchos enganchones, ante un ejemplar tardo que embestía con la cara por las nubes y a arreones.

Nada pudo hacer en su lote Luis Alfonso Oliveira. Citó en corto al segundo, por la evidente falta de fuerzas, pero el astado se paraba a mitad del muletazo. Similares características tuvo el quinto, ante el que, si bien era imposible el lucimiento, se echó en falta mayor empeño del novillero.