PAULA ZORITA
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Madrid (España).De vez en cuando viene bien volver al origen de las cosas para extraer lo más puro y virginal de ellas. Después de una temporada en la que he pisado en gran medida plazas de primera o segunda categoría, el sábado, que estaba en mi tierra, me acerqué a Alba de Yeltes, un pueblo de la provincia de Salamanca en la que se había organizado una clase práctica con chicos de la escuela. El ganado, de Hnos. Revesado dio buen juego en conjunto, siendo el 4º premiado con la vuelta al ruedo. Ni siquiera había plaza de toros como tal, había un corral que colgó el ‘no hay billetes’ (no cabía un alfiler ni en los remolques de los tractores que servían de improvisados tendidos), y yo volví de repente a la esencia de esto tan grande llamado ‘tauromaquia’, de donde venimos…

Salamancaha podido presumir siempre de ganaderías, toreros y afición. En un tiempo en el que esta ciudad, taurina por excelencia, vive uno de sus momentos más delicados, por la falta de ilusión de la empresa a la hora de elaborar una de las ferias que eran de las más importantes del mes de septiembre una llega a Alba de Yeltes y se encuentra con esa ilusión que es necesaria a la hora de hacer las cosas. Aunque se trate de una simple clase práctica, siempre puede haber alguien que ese día se aficione a los toros, por lo que soy de la opinión de que hay que cuidar todo cuanto tenemos, desde lo más insignificante, hasta la Feria más importante.

Me encontré con la grata sorpresa de cuatro novilleros, Alejandro Marcos, Francisco Colmenero, Antonio Chanote y Raúl Montero con personalidad y con esa pureza de la que se nutre la grandeza del toreo, porque el toreo es grande, pero igual de grande es lo que hizo ayer Antonio Ferrera con un toro de Adolfo Martín en Madridcomo importante es lo que estos cuatro novilleros hicieron el sábado en una clase práctica, aprendiendo a golpes uno de los oficios más difíciles que existen. Aprendiendo, más que un oficio, un arte. Necesarias esas dos visiones, necesario el inicio para llegar a un fin. Necesaria la inexperiencia para alcanzar la experiencia.

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