La tarde de ayer, cercano referente de triunfos y divertimento, ha condicionado el desarrollo de la quinta corrida de feria y las llamaradas entusiásticas han quedado hoy en vivo rescoldo. A los nobles toros de Alcurrucén les ha faltado viveza y nervio, y aunque los toreros han puesto contribución, dedicación y ganas, las faenas no han entusiasmado grandemente aunque hayan sido premiadas.

Abellán manejó con acierto el pincho y ha sido el mayor agraciado de la tarde con dos orejas, una de cada uno de sus toros, ninguno de la ganadería anunciada. Al jugado de tercero, remiendo de Algarra, de embestida poco emocionante aunque manejable, lo toreó Abellán con buen son, acoplándose con él a mitad de faena y lo mató por arriba en la suerte de recibir. El sexto, luego de un largo paréntesis para devolver a los corrales al titular de Alcurrucén, fue un toro de la ganadería de Peña de Francia, el segundo hierro de Teodoro Matilla, que se pareció a sus hermanos lidiados ayer. Embistió a la muleta de Abellán y el madrileño, abierto el compás, completó buenas series de muletazos por el derecho. Una estocada y un descabello propiciaron la petición de otra oreja, que le permitía
la salida en hombros.

Eugenio de Mora se esforzó sobremanera en sacar pases al quinto, alegrándole a viva voz para conseguir que repitiera las embestidas. El toro, levantado y mirón, le hizo continuos repasos visuales de arriba a abajo, pero el toledano, firme, seguro y valiente, consguió su propósito y le robó un buen manojo de muletazos. Lo mató de estocada fulminante por sobre las péndolas y paseó una oreja meritísima. Si hubiese matado de un volapié semejante al soso segundo, habría acompañado en la salida a Abellán, pero erró con la espada.

El público no valoró la faena de Caballero al flojo primer toro, al que rindió de una estocada bien cobrada. El cuarto, con más nervio, pronto y codicioso en las primeras arrancadas, perdió las manos cuando el albacetense le obligaba a humillar. De modo que dándole tiempo para recuperarse y la salida del pase en línea recta, logró recuperarlo hasta cuajar tres tandas espléndidas, por ligazón y temple. Tampoco era su día con la espada y su actuación se cerró en silencios.