Con la cantidad que le ha costado el servicio de veterinarios a Martín Perrino, empresario de Ciudad Rodrigo, Arevaloe Íscar, en las tres plazas que gestiona en Castilla y León habría podido sacar a un veterinario del paro y contratarlo todo un año.

Con los más de 23.000 euros que han ido a las arcas de los ‘médicos de animales’ en tres fechas puntales del año se habría costeado el salario de un profesional 365 días. Sí, ya se que pueden pensar que si Perrinocontrata al veterinario, desde ese mismo momento pasa a estar a su servicio y por tanto la situación generaría un conflicto de intereses con ganaderos y aficionados.

Pero no voy a eso, no voy al mecanismo de contratación de los veterinarios, voy a las tasas de los mismos y al fondo de la cuestión.

Vistas las cifras de Iscar se puede observar que los gastos médicos y de ambulancias pertinentes para cumplir el reglamento no llegan a los 5.000 euros, mientras que los gastos de las revisiones veterinarias superan los 7.000, cobrados por adelantado si quieres obtener los permisos y dar el festejo. Puede verse que, tras el encierro, en la inmediatamente posterior suelta de vaquillas, estos señores cobran otra vez considerándolo un festejo a parte, criterio que suelen usar en muchos otros lugares con frecuencia a diferencia de los sanitarios que cubren los festejos y también están colegiados.

A raíz de estos números cabe preguntarse muchas cosas, algunas por ignorancia y desde fuera, sólo para la reflexión y otras por sentido común en contra del abuso del sector.

Respecto a las primeras no se si realmente es necesario el trabajo de los veterinarios, e incluso de varios equipos la misma mañana o tarde de las fiestas de un pueblo, en los festejos populares. ¿Para qué son necesarios sus servicios y  además varias veces al día? Si es obligatorio cortarles los pitones en los encierros… me sobra gente.

Sobre las segundas me asalta la duda de porqué existe una disparidad tan grande de precios y de criterios a la hora de regular el trabajo de estos señores. Estos tres pueblos que menciono tienen tasas diferentes y siendo de la misma comunidad autónoma, Valladolid tiene las tasas más caras mientras que en Ávilase abaratan los costes y en Ciudad Rodrigo (Salamanca) se cobran a parte, encierro, capea y desencierro de la misma mañana,  como ven, criterios de aplicación de las normas de lo más dispar. ¿Porqué no pueden unificarse? ¿Por qué los Ayuntamientos y los pequeños empresarios sobre todo han de cargar con estas tasas abusivas? Me parece que si todo el gremio está arrimando el hombro en los dineros, las tasas veterinarias que encima se pagan por adelantado son un lastre para el espectáculo, especialmente para el pequeño espectáculo que no puede ni debe gastar más en veterinarios que en recursos sanitarios.

Por Mónica P. Alaejos.