MUNDOTORO
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Es insoportable darse de bruces con la estupidez. En cada calle, justo al doblar la esquina, hallas a  un estúpido. Que te habla de moral, te habla de ética, de arte, de cómo tienen que ser las cosas en versión medieval,  de una sola religión, una sola moral, una sola visión. La estupidez es práctica habitual de los estúpidos, lógico. Y el estúpido, que suele ser tan inofensivo como cansino, se convierte en un hipócrita cuando se pone estupendo. Ponerse estupendoes decir una estupidez que pretende ser el punto final de una moral o una ética, o una ley. Un estúpido que se pone estupendo y que, además, se cree artista, es el colmo de la imbecilidad humana. Cuidado con ellos, porque, como Jean-Pierre Jeunet, pueden devolver una Medalla de la  Ciudad ( Beaucaire) escupiendo razones de moral al lado de insultos y negando a quien la concede, a toda una ciudad, el más mínimo derecho a ser presuntos seres humanos. Oh, qué miedo.

A mí, de Jeunet siempre me gustó lo que no se cuenta de él:  Marc Caro, un tipo genial del mundo del cómic, arte soberbio, sin cuya iconografía, fondo y forma, films como Delicatessen no existirían. Incluso el rostro de ‘Amelie‘, la película de éxito sin dinero de Jeunet, es un rostro de cómic. Caro es el genio original, Jeunet el ocurrente. Pero sólo es mi opinión. A los españoles y a los franceses nos sucede que pensamos que las ocurrencias son arte y que los ocurrentes son artistas. No es un pecado, es sólo una pésima realidad. Un artista jamás llamará bárbaro a una ciudad, a un pueblo. Ni devolverá un símbolo de toda una villa. Estos tipos, que se multiplican en todas las ciudades del mundo porque el dolor de parir no implica la sensatez que debería provocar ese dolor, son incapaces de decir que no quieren algo para luego devolverlo insultando.

Jeunet  es incapaz de decir que devuelve la medalla a Beaucaire porque no está de acuerdo con la corrida de toros. Punto final. No le basta esa ecuanimidad. Tiene que añadir el insulto. Y al hacerlo, me insulta a mí. Que da igual, pero insulta a Picasso, que es medio francés, y de la zona, insulta a sus paisanos del Consejo Constitucional que avalan la legalidad de la corridas, y se pone a la altura de otra paisana suya, Brigitte Bardot, aupada a la fama a lomos del machismo iconográfico y testosterónico o feminismo al revés,(estaba muy, pero que muy buena), que termina sus días de gloria con insultos, amenazas y feos gestos contra quienes sí deseamos ver corridas de toros. Tienen esa manía, esa querencia iracunda, decir no quiero insultando. Insultar para decir: pienso distinto.  Son estúpidos estupendos cuya moral es, de repente, no sólo superior, sino aval para insultar.

Jeunetva de artista, y de que no le interesa el dinero, ni la forma de hacer cine en USA, porque es esclavo de la taquilla, etc.; pero sin embargo hizo un spot para Chanel. Dicen que es una película, pero es un spot. Y a mí me parecen muy bien los spots. Claro que sí. No me barbarizan los spots aunque sean para el mercado y para la venta, asunto que sí le barbariza a Jeunet, según su filosofía de vida y arte. Pero lo hace y lo cobra. Me barbariza, sin embargo,  que los estúpidos estupendos que me llaman bárbaro usen la doble moral. El depende. Porque los dos hombres de gris dueños de Chanel, los hermanos Wertheimer, no son, precisamente un ejemplo de moral cívica o solidaria.

Porque los dineros de Suiza, los dineros de sociedades, los dineros que no se saben, no saben de moral. Porque uno de ellos cría caballos de carreras, que, como se sabe, es una de las manipulaciones bárbaras no naturales realizadas con un animal, porque la caza, y no me refiero a un disparo aleatorio a un animal, es una de sus grandes aficiones, porque los dos hermanos tienen en su poder decenas o centenares de obras de arte compradas, sí, pero sólo para sus ojos y yo considero esa propiedad un secuestro del arte universal hacia la humanidad avalado por el talento del dinero, por tener mucho dinero. Pero los mecenas Wertheimer pagaron bien a Jeunet un dinero que no va devolver. Como yo tampoco devolveré el cd de Amelie, aun sabiendo que la realizó un tipo sólo ocurrente, de esos estúpidos que te encuentras casi todos los días al doblar la esquina de una calle cualquiera. Le dejo esta frase de un genio, Frank Capra.

‘Sólo deberían hacer películas los audaces, porque sólo los que tienen fuerza moral pueden hablar a la gente durante dos horas y en la oscuridad.’

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