Los últimos toros abandonando el coso de Ciudad Rodrigo I NACHO MORÁNlinea-punteada-firma1

SERGIO RECUERO > Madridlinea-pie-fotos-noticias

A base de cuerdas y maderas, se levanta como cada año la majestuosa plaza de toros de Ciudad Rodrigo, una joya única que convierte la plaza mayor en un coso donde, maletillas y recortadores en las capeas, y los toreros y novilleros acartelados en las combinaciones del serial, se juegan el tipo para el agrado del público que se agolpa en los tendidos.

Al frente del equipo médico, para un evento de estas características, se cuenta a diario con Enrique Crespo y Eduardo Hevia, las manos salvadoras en años anteriores de terroríficas cornadas, que este año, por suerte, han tenido que trabajar menos.

Extenso equipo médico para cuidar de los percances I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

Este año, para los festejos populares, se quiso contar con las ganaderías de El Canario, Toros de Orive, Hermanos Cambronell, Alberto Mateos, Aguadulce y Emilio Galán, siendo estas dos últimas las que más se dejaron tanto en la plaza como en las calles. Entre sus festejos, cabe destacar el encierro a caballo. Desde el horizonte charro, cabalgan hasta el pueblo decenas de caballistas, acompañando a los toros que se soltarán ese día. Tras el tramo campero, toros y caballos se unen a los corredores en la entrada al pueblo, protagonizando bonitas y largas carreras hasta la llegada a la plaza.

Una vez allí, se procede a las tradicionales capeas, donde maletillas y recortadores aguardan su turno en la cara del toro, con más respeto que en otras localidades en la arena, pero no así en las gradas, donde siempre aguarda algún ‘aficionado’ con ganas de ser el protagonista.

Muletazos que conviven con quiebros con la chaqueta son el claro ejemplo de la evolución de la tauromaquia en el tiempo, y en Ciudad Rodrigo se pudo disfrutar a la vez del toreo puro por parte de maletillas buscando una oportunidad y del arrojo a cuerpo limpio de especialistas de la tauromaquia popular. Un regalo para la vista que la antiquísima Miróbriga se encarga de guardarnos para cada ‘Carnaval del Toro’.