Será una excepción a la regla general pero los toreros sí escarmientan en cabeza ajena, como quiera que el primer toro de la tarde se vino arriba en banderillas después de tomar un puyazo subiéndose a las barbas de Esplá, a los toros siguientes del Conde de la Cortelos picadores les zurraron en gordo para evitar sorpresas.

Ese toro que abrió la corrida dura de la feria llegó a la muleta en actitud reservona y cuando se arrancó, lo hizo con furia. Esplá no lo vio claro por ningún lado y no lo disimuló. Sin esmero lo mató de dos pinchazos y una fea estocada. Otra pasta diferente sacó el cuarto, de talante noble. El condeso se dejó por el pitón derecho y, aunque con un recorrido más corto, también tomó la muleta por el izquierdo. El diestro alicantino lo toreó sin apreturas enluciendo la faena con molinetes afarolados y recortes de vistosa composición. Mató de estocada desprendida y paseó una oreja

Javier Vázquez no cogió el aire a la brusca embestida del segundo, un toro que finalizaba el viaje alargando la gaita y soltando un tornillazo. Le arrebató una muleta ala madrileño y le tropezón varias veces el engaño dejando la faena sin un vestigio de brillantez. El avacado quinto toro protestó en constante berreo las banderillas que adornaban su morrillo pero embistió franco, aunque sin continuidad por el pitón izquierdo. Al natural sacó Javier Vázquez pases aislados extraordinariamente descritos. Lo que utilizó mal a conciencia fue la espada. A los dos toros los pinchó en exceso. Le hizo la competencia José Antonio Canales Rivera le hizo la competencia en esta suerte afontándola como algo de lo que hay que huir. arrancadas destempladas, arreones desordenados y miradas aviesas le dedicó el ,manso tercero a Canales Rivera que, en pago, abrev
ó y lo mató de un sartenazo. Áspero y correoso quedó el sexto para la muleta. Las intemperantes embestidas trató de encauzarlas Canales Rivera y alguna llegó a acompañar con gusto pero todo dentro de una afluencia acelerada, vertiginosa a veces. La corrida dura de la feria lo ha sido realmente tanto que a tres o cuatro toros no ha habido por donde hincarles el diente.