Por C.R.V.

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Como si le mentaran a la madre. El señor Alegre, concejal de los toros de la plaza de El Puerto de Santa María, tira de sable y arremete contra Casasy Cutiño y contra Maximino (a José María Garzón no lo menciona) por las declaraciones que este medio publicó sobre el contenido y cualidades del pliego de condiciones redactado para el nuevo concurso. Está en su legítimo derecho de hacerlas y nosotros en el de publicarlas. Pero esto del periodismo, además de consistir en permitir a las dos partes que sean dos partes, también consiste -cuando el asunto es de interés general-, en decir de qué parte está el periodista.

Dicen que uno debe estar siempre de parte de la verdad. Pero como cada cual tiene la suya, elijo remitirme a los hechos. Lo escrito en el pliego y lo declarado en este medio, que por cierto, demuestra una escasa capacidad de encaje a la crítica o discrepancia, algo a lo que un político debería estar acostumbrado (aunque a veces un político entra en política justo por lo contrario: porque jamás sabrá discrepar) es, cuando menos, una verdad incierta.

Vamos a ver. Sólo a un tonto se le escapa que el señor Alegre se pone triste por Simón Casas. Primero afirma responder ‘ante las declaraciones de los empresarios Simón Casas y Maximino Pérez’. A José María Garzónni lo menciona. Luego menciona a José Cutiño, que no hizo declaración alguna. Y a partir de esa lógica tremenda, ya no vuelve a mencionar nunca ni a Maximino ni a Garzón. Más claro: las declaraciones son una especie de llanto en singular expresado en plural para que no cante que sólo es en singular: Simón Casas.

Y en ese juego de lo singular mencionado en plural, denuncia el plural de una trama estratégica anti-pliegos. Leen bien: hay una estrategia, una trama urdida, un ardid, una treta, una conspiración de Simón Casas, pero en plural. En un ejercicio sólo apto de esta nuestra clase política (capaz de arropar hasta el último segundo a un ladrón y corrupto de su partido argumentando que sólo es una estrategia o trama del partido contrario) descubre una alucinante teoría de confabulación judeo-masónica que consiste en meter miedo a los demás empresarios y así, retirados los demás por miedosos y cagados, pues se queda solo(s) Simón Casas.

Una estrategia que consiste en esto: a) vilipendiar pliegos; b) meter miedo a los demás empresarios que, por supuesto, son tan imbéciles y tan mal empresarios que esperan a ver qué dice Dios Casas para saber si un pliego es bueno o malo e ir o no ir; c) hacer que estos empresarios se caguen; y d) acudir solos a salvar la fiesta. Dice que así pasó en Málagay en Alicante. En Alicante, donde Cutiñoni se presentó… pero tenía que usar el plural. Mientras que en Málaga la Diputación hizo lo que un buen gestor del pueblo ha de hacer: rectificar ante el desastre.

A ver. Supongamos que mi estado es tal que sería aconsejable un cambio de camello o que dejara de consumir, y digo: de acuerdo. El señor Alegre ha descubierto una trama estratégica que ya ha quedado expresada en el párrafo anterior. Muy bien. Perfecto. Por lo tanto, el final va a ser éste: los demás empresarios se van a cagar de miedo y entonces el señor Casasen plural, esperará a última hora para mandar su pliego con lo justo y así ganará porque nadie más va a ir. Porque si eso no sucede, ¿¿¿en qué consiste el beneficio de la estrategia??? Me lo diga usted, señor Alegre, porque si eso no pasa, -que no va a pasar-, le aconsejaría que cambie de camello. O que lo deje.

Mire. Le voy a decir mi propia teoría de la confabulación, pero no la suya, sino la que sostengo en público desde hace 12 años: los pliegos de condiciones de las plazas de toros en su gestión han sido uno de los errores graves que han situado al toreo donde está actualmente. Y una de las causas por las que esta actividad (que ya es Patrimonio Cultural ) haya echado al pueblo de sus asientos de piedra. Habla usted de gastos exagerados y de que no es obligatorio hacer obras, pero sí cuentan y puntúa más quien las haga más y mejor, y dice que se puede dar un 3 y no un 6 por ciento de los ingresos (o sea, una subasta de 3 puntos que todos querrán poner para poder ganar), etcétera. Las subastas encubiertas en puntos que puntúan se hacían con descaro hace 12 años en todo concurso. Así nos ha ido. En toros y en todo. Ahora se hacen. Más matizadas pero se hacen. Y lo digo con la misma claridad con la que comencé a escribirlo hace 12 años. Ésa es mi confabulación judeo-masónica.

Su provincia, Cádiz, tiene una tasa de paro (según información publicada el 24 de octubre de 2013 por Cádizdirecto) superior a la de Mozambique. A la de Gaza. A la de Grecia. A la de Serbia. Entonces era del 37,4%. Espero, aunque lo dudo, que haya mejorado. Y con esa realidad económica y social, le hago dos preguntas. Al hacer el pliego, ¿ha calculado usted a través de los costes, tasas, IVA, IBI, porcentajes, salarios, precio actual de toreros, cuadrillas, toros, comunicación, etc… cuál ha de ser el precio de una entrada en la Real Plaza para que un gaditano o portuense pueda ir a los toros? ¿Ha calculado usted después de calcular lo anterior (que sin duda lo ha hecho como político sensible y deudor de sus gentes) cuántos gaditanos y portuenses podrán sacar un abono o una sola entrada? Porque un político, antes de lanzar teorías de confabulaciones esotéricas judeo-masónicas conspirativas, debería calcular las dos respuestas anteriores. Por su pueblo. Por su gente. Por su ciudad y por este Patrimonio Cultural de los españoles.

Termino afirmando que cada cual tiene su verdad. Pero que hay verdades que animan a cambiar de camello. O a dejar de consumir. Hágame caso.

 

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