Muchas veces resulta difícil explicar, tras el resultado de un festejo, que la tarde ha sido infumable, plomiza, eterna, y que los toreros pocas veces han sido capaces de conectar con el graderío, a pesar de la mansa nobleza de los toros.

En Egea, hoy, ha sucedido esto, si bien hay que significar que el peor lote correspondió a El Zotoluco. Pese a todo lo comentado, cada torero tuvo el balance de una oreja. El diestro mexicano se las vio con un toro manso que huía hacia las tablas en cada muletazo, pero su empeño y su técnica hicieron fijar al toro y así poder ligar los pases en tandas meritorias. Con el cuarto se entregó desde las largas cambiadas de saludo hasta la estocada, tras la que paseó una oreja.

El pitón izquierdo de los toros de Ponce pareció claro. Su faena al primero de su lote no tuvo eco en el graderío hasta que se puso de hinojos. A éste le cortó una oreja, algo que no pudo repetir con el quinto, después de una faena breve.

Morante se lució con el capote, pero no alcanzó cotas de altura con la muleta. Le dio muchos pases al tercero, pero sin el ángel de otras tardes. Hizo callar la música en el sexto, un toro que, sin embargo, embistió por el pitón izquierdo. Por ahí ligó varias tandas, las suficientes para cortar una oreja.