Una feria de Salamanca, santo y seña del toro y con un historial que le añade una responsabilidad mayor, no tiene en sus carteles a El Juli, Morante, ni a Perera. Y a menos de una hora en coche, su ‘rival’, Valladolid, otra feria de fuste, no cuenta con El Juli ni con Morante. Luego de reflexionar sobre los carteles, algunos irrepetibles y con síntomas de urgencia o necesidad por su originalidad, hacemos la valoración lógica que, tanta ausencia ilustre, no es buena para Salamanca, para Valladolid, ni para el toreo.  No creo que ninguna de las dos empresas dejen de aceptar esta reflexión, pues es  cristalina como el agua.

 

Las razones siempre llegan de cada lado. Pero fuera de ellas hay otra realidad cristalina, que nadie puede negar. Estas ferias no son antídoto alguno anti crisis. No lo dice este medio, lo dicen y lo han dicho los propios empresarios más de una vez en sus declaraciones:  época de menos y más calidad, época de aguantar, época de invertir. Epoca de hacer o tratar de hacer que le gentes no dejen de ir a los toros . Albacete, sin olvidar la ausencia de Manzanares, ha rematado una gran feria, con un toro más amplio, un aforo económico menor y bajando precios,¿quién acierta?

No es cierto  que no haya afición, cada día hay más gente joven que quiere ir a los toros, eso es incontestable Gente que, para ir, ha de hacer un esfuerzo, y lo hará si lo que le ofrecen es bueno, de calidad. Si no, no irán. Es julio aún, la reválida será en septiembre. Cuando sepamos de verdad el alcance y el final de estas ferias y de otras que han achicado aquello que no hay que achicar, la calidad.  Este medio ha editorializado  hacia el ‘apretarse el cinturón’ de todos. De todos. Todos decimos empresas, ganadero (si es que puede) toreros, propiedades de las plazas  y hasta banderilleros. Pero si apretarse el cinturón es esto, es apretarlo en la garganta del toreo.

Porque  una cosa es apretarse el cinturón y otra quitarse el cinturón de seguridad.