MUNDOTORO

 

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Por esos misterios inescrutables, en el toreo lo que fue negro es susceptible de ser blanco y viceversa.UnTío Tompuede serun suecoya mismo. En diez minutos. El caso deJuan Serrano,Finito de Córdoba, es uno de esos casos en los quedonde dije digo, digo Diego. En el toreo, la crítica o los que opinan,a vecesvarían el rumbo 180 grados sin decir por qué. De repente aJuan Serrano’da gusto verlo’, ‘está en un momento cumbre'(lo de ‘está en un momento’ es la gran reflexión reflexionada de los que suelen cambiar de opinión cuando quizá lo que desean es cambiar de sexo o que nada cambie).

 

No hace falta ir a le hemeroteca. Ni rescatar documentaciones de medios, porquelos ecos del calificativo despectivodeelfinoaún se escuchan en las mismas voces que hoy dicen que da gusto verlo.Antes no. Antes era unbirlongo, le iba a sacar un ojo a un toro de tanto que los desplazaba,era un tiralíneascagoncete, un abandonado, un jeta. En 14 años de este medio, jamás dijimos eso. Nos pareció siempreun torero cuyas formas son las que entroncan con ese toreo que, sí, ‘da gusto ver’.Eso no nos autoriza a nada. Sólo a decir un par de cosas. Un par dereflexiones.

Una, quevariar la opinión es tan legítimo como de sabios.Rectificar. Otra es que, con tanta resurrección de toreros,deberíamos mirarnos una cosa: nuestra tendencia a ningunearlos, a la lapidarlos, a enterrarlos. Por una razón simple:porque los vamos a resucitar y eso de enterrar y levantar la lápida al rato es una trabajera de tontos.Pero sobre todo porque esto nos está retratando:¿qué estamos contando?.¿cuáles la realidad: El Fino oel fino?Porque, aparte de que un torero esté más fuerte o menos, más preparado o menos, estamos ante un caso en el que jamás hubo abandono, jamásFinitose dejó abandonar.

Tiene ese punto de vanidad, de clase, de estilo, de cuerpo, que le anima al cuidado. Por dentro y por fuera. Y el toreo es por dentro…y por fuera. Tuvo, tiene, tendrá lo que la naturaleza da al nacer y no presta ni alquila al crecer. Fue ese que dijo claro que a los toros les echaban algo, que les sacaban punta,..yno se lo perdonaron nunca. Dijo y habló el toreo cristalino para sonrojo de quienes, a cambio, lo enterraron para que no se le escuchara.Pero ahora esGuerrita. Antes,el fino.Nos alegramos.Rectificar es de sabios. Pero lo que nos pasa es queno rectificamos. Dentro de pocoenterraremos a uno para resucitarlo cuando nosdela gana decir que ‘está en un momento cumbre’. Somos una eterna y cansina semana santa deenterraderasyresurrecciones.

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