Seguir a @Mundotorocom

Dijo Bertolt Brechtque la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Esta certeza es la que ha de afrontar el encuentro del próximo jueves en Sevilla. Decidir con sensatez y valentía qué ha de morir porque ya es lastre y qué ha de nacer para asegurarnos el futuro. Hace muchos años que sabemos el diagnóstico de nuestra enfermedad y nos queda sólo el acuerdo de la cirugía. Por eso, este cónclave del jueves se obliga a no ser una reunión más. Se ha convertido en una hoja de doble filo, en el último test de credibilidad. Este cónclave ha de tener dos titulares en su final: que el toreo se puede unir y que existe una hoja de rutapara que muera lo viejo y nazca lo nuevo.

Algunos de los participantes nos han instado a que enviemos propuestaspara esta reunión. Ya lo venimos haciendo desde hace más de una década y lo hacemos ahora también. Solo que, con el paso del tiempo, lo importante y lo urgente han variado. Lo urgente sigue siendo la precariedad económica; lo importante, el escaso calado social del espectáculo, cuestión ésta que simplificamos diciendo que se podrían adelantar los carteles de las ‘grandes corridas’ para todo el próximo año. No hay sorpresas sino variaciones sobre lo idéntico.

Lo que ha cambiado en los últimos años es el panorama socio-político de España, de futuro incierto para la legalidad de las corridas, asunto que, insistimos, exige un blindaje constitucional y una tarea similar a la de Francia y Bogotá. Lo urgente es saber si, legalmente, tenemos futuro para nuestra actividad o este cambio social de los próximos años nos aboca a una guerra de subsistencia similar a la de Barcelona, muerta por la agresividad política que abusó de nuestra debilidad popular y social. Ésa es la gran urgencia. Porque sin estabilidad legal, el futuro es incierto. Y ninguna actividad pude desarrollarse bajo el temor de su prohibición.

Todas las medidas que se tomen han de buscar una misma meta: lograr la aceptación social. No el mercado de taquilla, éste llegará una vez que se trabaje con insistencia de gota china sobre el mensaje de virtudes del toreo, que comienza en una expresión libre del individuo. Quizá es hora de olvidarse del negocio como tal para sembrar futuro. Nadie pretende que las cuentas no salgan. Pero no saldrán  jamás si este espectáculo no se renueva en mensaje, insistente y estructurado; si no cambia ofertas, reglamentos; si no reflexiona sobre ofertas en toros y toreros ganando credibilidad, sobre la aceptación social presente y futura de algunas suertes, sobre si no estamos ofreciendo la misma oferta que le ofrecíamos a los abuelos…

Hacerlo legalmente estable, socialmente aceptado y atractivo para ‘su consumo’. Tres claves que han de tener una hoja de ruta concreta que, insistimos, no pasa por las instituciones actuales sino por grupos de trabajo organizados por especialidad. Porque, no nos engañemos, el toreo lleva viviendo muchos años en la indiferencia. Hay una especie de aceptación del ‘esto se acaba’. De tal modo que si mañana se prohibiera, dudamos mucho de que se provocara una reacción social o popular masiva en su apoyo.

Hemos perdido al pueblo, masa social activa, quizá por hacer una fiesta ‘pija’ o de élites, sólo para bolsillos bien dotados. Nuestros jóvenes no se parecen a los jóvenes de Bogotá. Quizá por ello Chamberí reunió a trescientas personas y Bogotá a miles, hace pocas fechas. A quienes hace pocos días demandaban unidad, les pedimos prediquen con el ejemplo, porque como afirmó Einstein: ‘Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única manera’. Hagamos autocrítica sin peleas internas. Porque y para que esto no se acabe.

Lo caduco ha de morir de forma natural pero hoy, no mañana. Y lo nuevo, nacer ya mismo. Hay que buscar y lograr un objetivo: que nuestra indiferencia se mueva. Hacia alguna parte. Estamos demasiado quietos. Peligrosamente estáticos. Excesivamente estáticos de nuestro propio yo. El jueves puede comenzar el movimiento hacia alguna parte. Quietos en nuestro estático paisaje somos el blanco perfecto para el francotirador.

Twittear