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Un anuncio en Japón puede contener las claves sobre la supervivencia de la Tauromaquia en nuestro tiempo. Este de Whiskas, que en Japón ha ‘emocionado’ a muchos y que también los emocionará cuando llegue a España. Una mujer recuerda algunos grandes momentos de su relación con el anciano que vive con ella. Quizá su padre, quizá su abuelo. No. Su gato. Un gato con rostro humano, con gestos humanos, con ojos humanos. Pero un gato. Un animal humanizado que es solamente un ladrillo más en la construcción masiva del animalismo.

Es cierto que el anuncio, pensado para Japón, juega con algunos de los elementos peculiares del imaginario de aquella sociedad. Pero sería el error de siempre ignorar, o minusvalorar, el potencial que tienen estas identificaciones simbólicas en la configuración de las ideologías y las éticas de las sociedades.

Tanto el presente como la historia arrojan ejemplos claros y brutales. Una corriente antisemita de siglos en Europa cristalizó en la campaña de deshumanización de los judíos que llevó en Alemania a la Solución Final, o sea, al exterminio de millones de personas. El terrorismo islámico dibuja a todos aquellos que no comulgan con su fe como ejemplares ‘subhumanos’ a los que no sólo es lícito, sino obligatorio, exterminar.

Todos los extremismos y radicalismos que han existido o existirán lo han hecho: los enemigos son ‘cerdos’, ‘escoria’, ‘basura’, ‘animales’, ‘bestias’, ‘infieles’, ‘bárbaros’… Y por lo tanto, inferiores. Y por lo tanto, asesinables. El único retén que ha ejercido siempre resistencia contra la conversión de los semejantes en objetivos de muerte ha sido el humanismo en sus diferentes formas.

Y ese bastión es el que el animalismo, con el dinero del inmenso negocio erigido sobre las mascotas, lleva décadas horadando. El anuncio de Whiskas en Japón es tan triste, y tan relevante, porque evidencia plenamente el triunfo de esa estrategia: humanos y animales somos ya iguales, por obra de hábiles maniobras narrativas sostenidas en el tiempo. Pero es que ni siquiera somos iguales, porque mientras engordamos de lujos a nuestros bichos, alejamos de nosotros a nuestros viejos. La mascota ha triunfado sobre la humanidad.

Y ése triunfo es el que puede estar llevándose a la Tauromaquia por delante. Quizás la verdad escueza, pero no por eso deja de serlo: este sector ha sido históricamente torpe en la comunicación, sí, pero lo más grave es que lo ha sido también en las dos fases que preceden al acto de comunicar. El análisis y la ideación. En el transcurso de ese naufragio, que no es otra cosa que un profundo fracaso intelectual, la Tauromaquia se halla a sí misma perseguida y progresivamente expulsada del ‘zeitgeist’, del espíritu de nuestro tiempo.

Se debería tratar de evitar el arrumbamiento total. Y para eso el sector debe unir fuerzas, lo hemos escrito ya, con todos aquellos sectores, colectivos e individuos que se hallan en una situación parecida a la suya, por lo crítica y por lo irracional. Debe, para ello, aprender la complejidad de los procesos que construyen las mentalidades y, también, subrayar que todavía, pero quizás no por mucho más tiempo, el animalismo tiene que utilizar a un anciano para potenciar nuestra identificación con un gato.

Cuando esa artimaña no les haga falta, ya no les hará falta nada más para ganar definitivamente.