icono-sumario Toreo caro del jiennense con el buen quinto, oasis en el desierto de Montealto, y capote de seda del pacense toda la tarde

Vídeo resumen del Domingo de Resurrección en Las Ventas I PLAZA 1linea-punteada-firma1

ISMAEL DEL PRADO > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Había expectación por ver el segundo asalto entre Curro Díaz y José Garrido. Pero al sonar la campana, no hubo ganador. Noqueados todos por el parco juego del encierro de Montealto, sólo se salvó el jabonero quinto. Buen toro que, al menos nos permitió relamernos con el toreo caro del jiennense. Intacto, por tanto, el crédito de dos púgiles que jugaron sus cartas. Repóker al natural de Curro, un as con el capote Garrido y una escalera… de Montealto, con un encierro muy desigual en tipo y pesos, con casi 200 kilos de distancia entre el mayor y el menor.

Bizco del derecho, ese jabonero quinto no gustó nada al respetable. La realidad es que tenía dos guadañas por pitones. Muy amplio de cuna y otra media tonelada (615 en la tablilla) a cuestas. Cumplió en varas y dejó un buen par Óscar Castellanos para abrir el segundo tercio. Curro Díaz lo vio claro y brindó al público. Tras un primer muletazo sin atacarlo, dejó un trincherazo que detuvo el tiempo. Dos tandas más en redondo levantaron el tendido que, para entonces, ya sabía que se cocía algo… Derechazos sin perder pasos, muy ligados, figura erguida. En algunos, logró abandonarse.

Le otorgó más distancia al jabonero y se fue como una centella a perseguir la tela. Hizo el avión y Curro templó una barbaridad. Buen toro. Se echó la mano a la izquierda y dejó cinco, quizás seis, naturales para paladearlos una y otra vez. Igual de relajado, arrastró el engaño a cámara lenta y los trazó limpios, sin mácula, de bellísima factura. La faena estaba hecha y el jiennense tuvo el don de la medida. No se excedió. Con la gente caliente, se volcó sobre el morrillo, pero enterró la tizona en los blandos y la oreja, segura, se fue al limbo. Ovación desde el tercio.

Hizo honor a su nombre el primero, ‘Capanegra’, toro bajo y bien hecho de Montealto, cornidelantero, enseñando las puntas. Salió suelto y sin fijeza. No pudo estirarse Curro Díaz -obligado a saludar desde el tercio junto a Garrido tras el paseíllo- con el capote. Tomó la primera vara con presteza, al relance, y empujó metiendo los riñones. Puyazo largo. Luego, siguió a su aire. El segundo encuentro, con el picador que guardaba la puerta. Cumplió sin más en banderillas. Curro se lo brindó a Garrido, buen gesto recordando ambos batallas pasadas.

Comenzó con torería, buenas trincheras para sacárselo a los medios. Pero el tendido, algo frío, a pesar del calor -más propio de San Isidro que de Resurrección- en la piedra, no respondió. El jiennense se la puso por el derecho y el toro enseguida confirmó su poca casta. Sin humillar, con la cabeza por las nubes. A menos, cada vez se fue quedando más corto. Media arrancada, a lo sumo. Curro lo probó por el izquierdo también. Mero trámite antes de ir por la espada. Nada que hacer. Lo despachó de estocada hasta la yema, algo tendida y desprendida, de efecto fulminante. Palmas.

Altísimo de cruz y hecho hacia arriba, largo como un cetáceo, el tercero, algo zancudo, rompió la armonía de sus dos hermanos previos. Abierto de agujas. 630 kilos de ‘Montealto’. Se fajó por bajo Curro Díaz en el saludo de capa. Sin brillo, pero eficaz. Se dejó pegar en varas y tampoco hubo lucimiento con los rehiletes.

La faena fue un quiero y no puedo. Se la puso Curro y respondió el de Montealto con un trallazo. Luego, otro… Diez más. De nada sirvió el comienzo por bajo tratando de castigarlo. Ni por ésas descolgó semejante transatlántico. Siempre a la defensiva y lanzando gañafones, sin humillar y de embestida descompuesta. El de Linares no se dio más coba, sabedor de que no había materia prima, y fue por la espada. Metisaca y media algo atravesada. Silencio.

José Garrido, brillo con el capote en Las Ventas I JULIÁN LÓPEZlinea-punteada-firma1

Media docena de verónicas rodilla en tierra le pegó José Garrido al segundo. Muy torero. Con cadencia y ganando terreno en cada lance, siguió ya de pie hasta sacárselo a los medios para rematar en la misma boca de riego con media y revolera. La plaza, aletargada, por fin pestañeó. Luego, el burel, más cortito que su hermano anterior y muy tardo, se lo pensó en varas y banderillas. Lo brindó al público Garrido. 

Tras una primera serie sin obligarlo, Garrido le atacó más en las dos siguientes. En redondo. Seguía con ese defecto el toro, que sí tuvo mucha fijeza, de pensarse bastante el viaje, pero cuando arrancaba iba con franqueza. Por abajo. Con cierta transmisión. Le robó un par de derechazos rotundos en cada tanda. Faltó siempre un tercero que prendiera la mecha en el tendido. Le tragó Garrido algún que otro parón y mirada, muy firme. Al natural, hubo menos limpieza y algún que otro enganchón terminó de diluir la obra. Hundió el acero, caído, en el primer viaje y, a pesar de que la espada estaba algo suelta, se echó sin tardanza. Aunque José María Amores pegó un sainete con la puntilla y lo levantó, no tardó en doblar de nuevo.

Gustó de nuevo con el capote Garrido en el cuarto. Un ramillete de verónicas soberbias. Meciendo el percal en cada lance. Con sabor. Muy encajado. Toreando con los riñones. La media, de cartel de toros. Después, cuatro chicuelinas ceñidas, sin enmendar un paso. Rugió el tendido con una larga cordobesa abelmontada para dejarlo en suerte. De seda. Entre ambas cosas, se llevó un buen susto Antonio Chacón al cerrarlo. El engatillado castaño le hizo hilo, apretó un mundo y lanzó el derrote al quicio del burladero. Golpazo terrible. Un puntazo corrido y una rotura de fibras en el bíceps femoral derecho de Chacón, que pasó a la enfermería.

Planteó la faena en los medios Garrido. El de Montealto tomaba la muleta y pasaba con cierta boyantía, también es cierto que el pacense le ligaba las tandas, aunque sobrara algún que otro enganchón, porque el animal, sosote, tendió a puntear las telas. Sin embargo, la sensación común es que le faltaba emoción al conjunto. Sin calado en el tendido. Lo mejor, varios remates por bajo al final de cada serie. Con mucho gusto. Cobró una estocada casi entera algo desprendida y fue silenciado.

Era difícil, pero el sexto salió para batir la marca de la báscula. 680 kilos, ahí es nada. El nombre, ‘Novillero’ parecía tener su guasa. A pesar de su inmenso volumen, tenía mejores hechuras que el paquidermo tercero. Empujó en varas, romaneando, y, sin pena ni gloria, el tercio de banderillas fue un tránsito.

En realidad, un tránsito hacia ninguna parte. Garrido le devolvió el brindis a su compañero de apuesta en el preludio de la faena. Un trasteo en el que el extremeño porfió y le buscó las vueltas a un oponente que no tuvo condiciones para el éxito. Tomó la primera serie con bríos y el torero corrió bien la mano. Pero fue un espejismo, luego el descastado animal se puso algo reservón y las pocas embestidas que regaló fueron sin entrega. Al final, escarbó mucho y complicó la suerte suprema al joven espada. Bajonazo, estocada casi entera, pinchazo y dos descabellos para terminar con los casi 700 kilos de torazo. Silencio, al cubo.

Hierro de Montealto - España Plaza de toros de Las Ventas. Tradicional Corrida del Domingo de Resurrección. Mano a mano. Media entrada. Toros de Montealto, bien, aunque desigualmente presentados; una escalera. Casi 200 kilos entre el mayor y el menor. El 1º, sin fijeza y de media arrancada, a menos; el 2º, con fijeza, pero tardo, se arrancaba luego con franqueza; el 3º nunca descolgó, sin humillar y a la defensiva; el 4º, descastado y sin transmisión; el 5º, pronto, con codicia y recorrido, buen toro; y el 6º, a menos, sin entrega. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Curro Díaz, palmas, silencio y ovación;
José Garrido
, silencio, silencio y silencio.