El penalty asesino I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

JAVIER VILA > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Jose Mari está en el hule. Es una cornada en un lugar íntimo. Extensa y dolorosa pero que no afecta a vasos importantes. Así que, por suerte, estará jugando al toro en cuatro días soñando que el comedor de su casa es la Maestranza y que los olés de Maite y Paco, sus padres, retumban en los muros blancos del Baratillo. Y sintiendo que él es, en esos momentos, su tocayo al que idolatra. Tanto o mas como el resto de la casa admira la eternidad del toreo en el nombre del padre.

Le llamé hoy, dolorido y aburrido me contó que se ha olvidado en casa sus TBOs del Capitán Trueno y que le mande algo para que lea. Se me ocurrió que le podía aconsejar que leyera el periódico pero me acordé de las noticias de hoy: el Master (no el de Augusta sino el que aparentemente no lo era), la enésima propuesta de no investidura de Torrent y los misiles de Trump en Siria. Así que pensé mejor le aconsejaba ver la tele y poner la Peppa Pig o los superminihéroes, que es lo que quieren que ponga mis hijas cuando yo me empeño en ver el telediario. O me empeñaba, porque la verdad, visto lo visto ya me han sumado a su causa desde hace semanas. Lo que hace ver los telediarios últimamente. Que prefieres no verlos.

Pero cuando estaba a punto de mal educarlo proponiendo tele versus lectura, me saltó la enésima notificación de un periódico que tengo en el teléfono solo para cuando pierde el Barça… y cambié de opinión. Le prometí que le mandaba algo para que leyera sobre el tema de mas actualidad del momento, más incluso que los misiles de Trump: El penalty del Bernabéu. El catalogado como inadmisible e intolerable robo a una causa justa que era la eliminación del Real Madrid.

Y es que lo que se ha convertido ya en el penalty más famoso de la historia del fútbol, lo que podríamos catalogar como el ‘penalty asesino’ nos debería hacer reflexionar sobre cómo comunica el fútbol y sobre como lo hacemos nosotros. En el fútbol todo vale con tal de crear una imagen. Los medios dicen exactamente lo que sus lectores quieren escuchar, con el objetivo de que ese cliente crea que su equipo es lo ‘millor que hi ha’, y los del rival son…‘uns pudrits’…como mínimo. Y ese sentimiento de pertenencia les hace seguir consumiendo fútbol semana tras semana. Pase lo que pase, gane quien gane, y pierda quien pierda.

Pero en los toros, muchas veces, pasa exactamente lo contrario. Sale un pitón escobillado y parece que si tal o cual crónica no tilda al ganadero de delincuente y al torero de cuentista, esa es una crónica de mentira. ¿Esa es la forma que tenemos para que el aficionado siga creyéndose un privilegiado por ser capaz de emocionarse sentado en un tendido? Y es que, resulta curioso, que en un mundo en el que nadie ya quiere a nadie, nosotros seamos capaces de querer tan de verdad que nos dé vergüenza creerlo. Y mucha más decirlo.

Sinceramente no me quiero ni imaginar que harían y dirían los del fútbol si tuvieran algo como los dos últimos indultos en la Maestranza o aquella tarde donde un tal Julián salió hecho añicos pocos días después de Domingo de Resurreccion memorable. Si un partido de fútbol tuviera la mitad de verdad que esa tarde donde el Juli salió partido en dos…no sería fútbol… posiblemente seria…una corrida de toros.

Propongo una cosa. Hablemos con José Mari. Preguntémosle porqué quiere ser torero. Porque cuando llega del cole coge esa muleta y sueña. Y escuchémosle atentamente y entendamos lo que nos dice.

Y escribamos sobre eso. Escribamos para José Mari y para todos sus amigos que quieren ser futbolistas. Tal vez, cuando nos lean, cambian de opinión.