icono-sumario ‘Este intervencionismo administrativo/económico parte de un desconocimiento de la economía del toreo’

icono-sumario ‘Mantener las mismas pautas es condenar al toreo a más de lo mismo, a cerrar el candado de su futuro’

icono-sumario ‘Todo negocio que pague un alquiler superior al 20% de su facturación corre el riesgo de estrangularse’

editorial-social-media-interiorEl pliego saldrá a la luz finalizado San Isidro… I learn.purplepass.comlinea-punteada-firma1

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Comenzamos hoy un serial de editoriales sobre el pliego de condiciones que la Comunidad de Madrid está redactando (o ya ha redactado) y que saldrá a la luz una vez finalizado este San Isidro. El histórico de las condiciones exigidas para la explotación de este coso ha ido en contra del interés de la propia gestión del espectáculo. No ha sido error privado de La Comunidad, sino un común denominador de las normas y exigencias que la Tauromaquia ha tenido que cumplir en sus programaciones, en plazas de propiedad privadas y en plazas públicas. La Tauromaquia, como espectáculo, es actividad de máximo gravamen fiscal e impositivo, y, en contraprestación, las empresas tienen las manos atadas para administrar y gestionar su programación.

Este intervencionismo administrativo/económico parte de un desconocimiento de la economía del toreo y de unas prácticas de explotación casi socializadas, basadas en conceptos trasnochados y viejas aseveraciones. La Comunidad de Madrid y sus nuevos responsables, han de ser cautos y valientes a la hora de aventurarse responsablemente en un pliego que no mantenga la línea intervencionista que estrangula programación, apuestas, novedad y beneficios económicos. Es decir, en apostar por un pliego más favorable al toreo y su futuro. Madrid y su plaza es el eje mundial del toreo. Por tanto, Las Ventas y su gestión, también marcarán la pauta de la economía del toreo.

En un país de libre mercado, en plena crisis económica que obliga a una renovación de ofertas, de modelos de venta/compra, mantener las mismas pautas es condenar al toreo a más de lo mismo, a cerrar el candado de su futuro y poner a la empresa en el brete de los números rojos. Un modelo intervencionista del toreo no ayuda al toreo, lo deja a los pies de las corrientes actuales que desean desaparezca. Entre otros, el insertado de forma clara y activa en el Ayuntamiento de esta ciudad, deseosa de que el toreo haga aguas económicas y sociales, para darle la puntilla.

El cánon de piso de plaza o alquiler, excesivamente alto y desajustado respecto a los ingresos por festejo, es una rémora para cualquier empresario. Todo negocio que pague un alquiler superior al 20% de su facturación corre el riesgo de estrangularse, máxime cuando los costes de personal y apertura de plaza son inviables de asumir. ¿Por qué este trato con el toreo? De otra parte, el sistema de abono actual y la socialización del precio de las entradas, atan de pies y manos al gestor, de tal forma que le resulta imposible encajar un sistema de recursos e ingresos modernos o adecuados a estos tiempos. De una parte, el público ya no se abona tanto. Y no lo va a hacer suceda lo que suceda, pues ya sabe que hay entradas para los festejos de mayor relumbrón. Y, de otra, las entradas de Madrid tienen precios muy bajos respecto a cualquier otro coso y, no digamos, respecto a otros espectáculos, cuando se anuncian.

Además, el toreo, con su carga anti social respecto a inserciones de marcas publicitarias, vive expuesto de forma casi exclusiva al ingreso por taquilla. Se da la lamentable paradoja que el empresario de Madrid vive pendiente del número de cocacolas o copas que se vendan para ajustar cierta posibilidad de beneficio, cuando esta cuestión debería ser un añadido de escasa relevancia en el balance final de cuentas de resultados. Costes fijos, más impuestos, más gastos de explotación, más costes de toros y honorarios , más imposiciones del pliego, suman una cantidad que sólo podría ser asumida si el empresario tuviera libertad de gestionar racionalmente clases y tipos de abonos y clases y tipos de precio de entradas según presupuesto de carteles.

Con el modelo intervencionista de los precios de las entradas y el abono, se provoca un desajuste económico entre la ley de oferta y demanda que pervierte la legítima libertad de empresa y gestión. De una parte el cánon es desproporcionado. De otra, para lograr ingresos que paguen ese arrendamiento, el empresario se encuentra con una modalidad de abono o tarifa plaza a la baja (cada vez se venden menos) y con un precio de entradas socializada en donde ver a los toreros más caros y las ganaderías más caras, cuesta lo mismo que ver a los más baratos en honorarios. Cuestión sin antecedentes ni parangón en cualquier oferta de ocio del mundo del espectáculo excepto en la Cuba de Castro.

La CAM debe saber que este sistema de tarifa plana, socializante y vetusto, obliga a las empresas a una inverosímil pero real práctica empresarial: ganar dinero con los festejos baratos y de menos demanda. Es decir, que el toreo subsiste con la oferta de menor demanda y no con los carteles ofertados de los mejores. Es como si, en un año de conciertos, abonáramos a todos los grupos imaginables, poniendo al mismo precio de taquilla a Justin Bieber como a la orquesta de un pueblo rural. Perdiendo dinero en la contratación de la estrella para tratar de recuperar el mismo en las ofertas de medio pelo y menos demanda. La CAM debe saber, como anécdota significativa, que tres o cuatro horas de parking en los aledaños de la plaza es más cara que la entrada al coso en San Isidro.

Los modelos de abono, precios de entradas en tarifa plana, van acompañados de un caducado y carpetovetónico concepto de ‘plaza de temporada’ que data del origen de este coso. Y, desde entonces, la sociedad española ha tenido el buen acierto de evolucionar. Y no acude a festejos de cuarenta grados a la piedra candente, ni a ofertas que no son de su interés por mucho que nos empeñemos en ofertarlas para perder recursos económicos. La gestión planificada es idéntica a hace tantas décadas que se antoja tan ineficaz como losa de excesivo peso. Una temporada de ópera, de fútbol, de teatro, ha variado en los últimos setenta años. Nos preguntamos si Cristina Cifuentes y sus expertos han reflexionado sobre todas estas cuestiones. Nos preguntamos si, en verdad, desean apoyar al desarrollo de la Tauromaquia o sólo estamos contemplando una pancarta inmóvil, una puesta en escena que no va acompañada de una libertad de hacer y de trabajar a quienes se aventuran a concursar por esta plaza.

El futuro del toreo pasa, más que nunca, porque Madrid tenga un pliego para meter al toreo en la gestión del siglo XXI. Escuchar a los de siempre, a quienes mantienen un modelo de más de lo mismo certificado ya como inútil y ruinoso, sería el grave error de la Presidenta de la Comunidad y en manos de ésta y de su equipo está que la nueva adjudicataria, sea la empresa actual o la que fuera, tenga la libertad responsable de, al fin, poner razón y ventura a un modelo económico y de gestión coherente con nuestro presente, con el futuro del toreo y con la necesidad de servir al público.

Hay una especie de temor al desconocimiento. O una falta de interés o una especie de inmovilismo por ambas razones. Cristina Cifuentes no tiene obligación de conocer ni el toreo ni su gestión. Pero sus gentes si. Y al final, ella pasará a la historia del toreo como la Presidenta que dio el visto bueno al modelo de gestión del toreo en Madrid. La plaza líder, el espejo de las demás, el pulmón cómico y de imagen de la Fiesta. Asuntos de los que trataremos en los siguientes editoriales.