icono-sumario ‘Sacó brillo a su corona como un Rey de República. En la Monarquía de Morante’

IRENE MARTÍN MOYA > Sevillalinea-pie-fotos-noticias

Sacó brillo a su corona, como un Rey de República. En la Monarquía de Morante. Con un despliegue de una tauromaquia insultante y casi abusiva. Su golpe de autoridad no acabó en la Puerta del Príncipe por esa cosa de los aceros. Y en este golpe de autoridad, una tarde de arte abierto en canal de un Rey Mago: Morante de la Puebla. Asumió el riesgo de los genios frente a dos toros que eran cosa de magia negra. Dispar corrida de Victoriano del Río, con algún toro que prometió mucho y dio poco, tercero, y otro que se desgastó en siete minutos en el peto y al que El Juli supo darle otros siete minutos de gran vida. Cuidado, con los llamados ‘nuevos’ porque hoy hemos visto un gran espectáculo entre República y Monarquía.

Arropados por un llenazo, rompió el paseíllo sin que hubiera un gesto que siempre tuvo Sevilla: ovacionar a un hombre gravemente herido en su última corrida en esta plaza: El Juli. Tuvo que esperar hasta hacerse presente con un quite por chicuelinas respondiendo esta vez la plaza con una cerrada ovación. Era toro de Morante con el que se había jugado el físico al torearlo con el capote porque el precioso burraco aparentaba embestir y sin embargo topaba brusco. Un gran esfuerzo, sin salirse de su palo el torero. Nadie daba un duro por el toro después de un gran quite a la verónica. Pero el Rey Mago le robó al brujo una tanda con la derecha en el tercio para luego esforzarse frente a unas embestidas de toro sin raza y sin clase.

El segundo, zancudo y algo estrecho, se movió braceando en los lances del torero. Un toro entre interrogante de fuerza y raza que obligó a una tregua en la tarde de competencia. Como era el toro lo sabía El Juli, que lo dejó ir y venir a su aire en dos tandas en los medios. En la tercera sacó todo su arsenal para encajarse, comenzar a engachar las embestida sor abajo y adelante con una rotundidad que caló en la plaza. Fue una faena donde no hubo ninguna fisura, enseñando los vuelos desplegados de la muleta como se enseña la vela de un barco en medio del océano. Es Juli torero que ha conquistado Sevilla hace tiempo y más allá del respeto, lo admiran. Terminó la faena de una estocada trasera y a pesar de que tardó el toro en doblar cortó una oreja.

Después de un suceso de magia con final desdichado de Morante. Después de que la plaza remontara su emotividad en una faena que comenzó cuando acababa, con el toro rajado en tablas, El Juli se fue a la puerta de chiqueros. Salió el toro mejor hecho de la corrida, que se demoró lo suyo, se echó una siestecita antes de arrancarse fuerte y El Juli ejecutó la larga entre un ole casi adelantado para luego torear a la verónica con arrebato. Este reglamento estúpido y esta estupidez humana convirtieron el castigo en horror al permitir un segundo puyazo largo después de haber estado el toro siete minutos encelado en el peto. Bien por la sensibilidad de Morante al intentar colearlo una y otra vez para evitarle tanto castigo.

Quién daba un duro por el toro, El Juli. Jamás tuvo el animal un soplo de inercia sino que fue toro para engancharlo desde su inmovilismo y tirar de él por abajo para prolongar sus embestidas. Fueron cinco tandas con las dos manos de las que salió la muleta pesando tres kilos más de tanta arena que barrió. Y los olés cada vez más roncos y el rey republicano cada vez más feliz. Casi abusó del toro cuando le cambió suerte natural y contraria dejando que los pitones eligieran entre engaño y cuerpo. Lástima de pinchazo trasero. Pero la faena quedó ahí.

Decía, que Morante hizo la magia de que una faena comenzara cuando todo acababa. Bajo y vareado el cuarto, muy escaso de raza, Morante le tiró un farol para ajustarse a la verónica. Apuntó el toro lo que era, cuarto y mitad de nada. Y con eso Morante creó algo de tercio a tercio, desde el burladero de la segunda suerte hasta la puerta de chiqueros. Algo grande. Comenzó por unos ayudados por alto de categoría. Le siguió el camino de su caludicación al toro hacia la puerta de chiqueros, intentando ceñirse con él, mientras el de Victoriano del Río le decía que no. Y cuando todo el mundo se prepareba ara ir al baño con el toro rajado en las tablas. Se pegó el torero un apretón de arte llegando a pegarle tras tandas inverosímiles por lo despacio, por lo reunido, y por el largo trazo de cada muletazo. Sonaron dos avisos porque volvió a fallar con la espada que nunca descolgó para enseñar la muerte.

Había dejado Morante un quite por tafalleras, toreando, que no se ha visto nunca. Fue en el tercer toro, huesudo y largo que prometió unas excelentes embestidas y en el que se vivió una lidia que provocó la música, protagonizada por Javier Ambel y dos soberbios pares de Curro Javier, con el toro apuntando querencia. Después de una primera tanda con Perera urdigando mucho al toro por abajo se afligió el animal y ahí continuó el pacense con tesón y con responsabilidad llegando a ligarle muletazos leyendo las querencias del toro. No le dio ninguna opción el descastado sexto. Destacar su querer y responsabilidad yéndose a la porta gayola para no quedar atrás en esta tarde importante. Ni en los medios ni en el tercio quiso el toro embestir, sino pasar con la cara a media altura desarollando falta de casta.

Tarde pletórica de El Juli, dispuesto un año más a defender una corona en cualquier batalla. Parece alimentarse de los retos y su fondo a penase s adivina. Morante: está en ese punto de Rey Mago que como le embista un toro cruje el cielo.

Hierro de Victoriano del Río - España Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Sexta de la Feria de Abril. Lleno de ‘no hay billetes’. Toros de Victoriano del Río (3º y 6º de Toros de Cortés), de variada tipología y juego. Sin resultar completos, hubo dos toros que apuntaron virtudes, el tercero, que se rajó pronto, y el quinto, que se desgastó en el peto. Más deslucidos los restantes. Hierro de Toros de Cortés - España
Morante de la Puebla, silencio y ovación tras dos avisos
Julián López El Juli, oreja y ovación tras aviso
Miguel Ángel Perera, ovación tras aviso y ovación