En voz baja. 5 de agosto de 2010

Lo de siempre, lo nuevo y lo novísimo. Lo de siempre, lo nuestro, Su Majestad El Rey Don Juan Carlos. Y los toreros, que son de siempre y nuestro.  Lo nuevo, declaraciones sobre Él en relación a Cataluña. Lo nuevo y lo novísimo, que los de siempre, los toreros, ya han adquirido el hábito de lo nuevo y lo novísimo con el ordenador, penetrando en las redes sociales de los más jóvenes y no tan jóvenes,   y comunicándose entre ellos con el Messenger de su teléfono. Todo, una buena noticia. Incluso declaraciones como las de Joselito, excedido en nuestra opinión al emplear la palabra ética. Más cautos quizá los maestros Capea y Camino. Pero Camino, que regresó una medalla porque se la dieron a un torero que no le gustaba, la recogió, como todos, a pesar de que quien se la daba, un Gobierno, ninguneaba y maltrataba al toreo. Por partes. Primero, El Rey.

Don Juan Carlos sí ha hecho, y mucho, por la fiesta, desde una Casa Real de gustos casi opuestos al respecto. Pero, de la misma forma que la Reina no hará público su desencuentro con los toros por razón de su función regia, El Rey no puede acometer contra los políticos de Cataluña. Es el Rey de todos y mal Rey sería si encendiera fuegos, se apostara en bandos o escribiera manifiestos de uno u otro sentido. Pero El Rey sí ha apoyado (como aficionado, en el tendido) y como Monarca, a la Fiesta. Va, viene, entra, se roza, está entre nosotros. Y si supiéramos qué piensa de forma personal, con la Corona en la mesilla de noche, la ILP no saldría bien parada. No es El Rey, es El Gobierno, el de todos, el nuestro, a quien se le debe de pedir cuentas éticas y legales y constitucionales. Ése es el perro que muerde.

El Rey ha sido modelo y moderno, siempre. No tanto como los toreros de esta generación de la comunicación al instante. Varias figuras del toreo se han puesto de acuerdo y tienen una BlackBerry. Y se mensajean, se comunican, están al tanto y se ponen al tanto en una especie de  conjura informática desde que Cataluña es tierra hostil por gracia de los políticos. Los toreros son muy de su generación, ya no son esos hombres de entrar a caballo en los salones. Son amantes de su tradición, pero las hicieron compatibles con lo novísimo. Lo que no sucede con otras instituciones o gremios del toreo que de no leer han pasado a no saber ni que existen ciertas formas de comunicarse, de hacerse permeable a la juventud, a las llamadas redes sociales que tanta vida están dando al apoyo de la fiesta. Los toreros son más modernos y de ahora que sus instituciones y se están moviendo a la velocidad del Messenger. A ellos y a su BlackBerry se lo podemos exigir y agradecer, pero no al Rey. El Rey no puede ni debe escribir un mensaje desde la Corona y decir, pásalo.