Llevamos dos corridas de las llamadas toristas en este inicio de abono. La primera de El Conde de la Maza manseó por todos lados, la de hoy de Celestino Cuadri le ha faltado entrega y han embestido muy por dentro. Este fragmento de las denominadas ‘duras’ ha sido un auténtico fiasco por lo que los aficionados que se declinan por el toro encastado y bravo tendrán que esperar a que lleguen otro tipo de hierros. Si a la aspereza en las embestidas de los de Cuadri, a la falta de entrega, a las miradas de peligro sordo, a la orientación de algunos y,en definitiva, a lo que ‘pesan’ las acometidas de este encaste le añadimos la inestabilidad de un ruedo, con más hoyos que un campo de golf y más inestable que una natilla, tenemos el resultado de un plus de peligrosidad añadido.

Qué mínimo que para todos esos hombres que se juegan la vida, independientemente de su condición sean los de plata o los de oro, cuenten con un ruedo que ofrezca garantías de seguridad al pisar y no tener que estar también pendientes de dónde ponen el pie. El albero con tanto movimiento es más propio de arena de playa, y en el estado en que se encuentra molesta a los propios toros, que como los de hoy sin entrega, se agarran aún más al suelo porque tienen la sensación de desequilibrio al tener las pezuñas enterradas.

Que el toro se atasque es un problema menor pero el que no debe pisar en falso es el torero porque bastante tiene ya con ocuparse de lo que tienen delante y responder a una afición como la de Sevilla para añadirles otra preocupación. Hoy Antonio Barrera se descalzó en la faena de un toro de 650kg porque se sentía así más seguro.

Emilio Trigo