icono-sumario San Isidro 2015, punto de inflexión

icono-sumario Los triunfos, el fracaso torista, el cambio del público

icono-sumario Análisis de 31 días de toros

interior-editorial-09-06-15-330x250El cambio ha entrado en Las Ventas I JULIÁN LÓPEZlinea-punteada-firma1

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Durante San Isidro 2015, hemos disfrutado y nos hemos decepcionado, hemos vibrado y hemos bostezado, hemos reído y hemos llorado, nos hemos sorprendido y hemos dicho ‘esto ya lo he visto’. En este mes ininterrumpido de toros, hemos contemplado la gloria de los triunfos y el horror de las cornadas que le da sentido a esa gloria. La Feria acabó el domingo y aún hoy muchos se siente desubicados, fuera de la localidad de Las Ventas en la que han pasado todas o casi todas o muchas o varias tardes del último mes. Pero es precisamente ahora, sin la vorágine de la actualidad diaria y con la perspectiva que da el tiempo, cuando toca reflexionar sobre los significados de todo lo que hemos visto. Los tiene, y son transcendentales. La cantidad de éxitos, la afluencia de público, los resultados ganaderos y, especialmente, la transformación del público. Asuntos capitales que hemos venido apuntando, tratando y desarrollando durante este mes y los anteriores, pero que exigen un análisis detenido. Hechos fundamentales que permiten hablar de este San Isidro como el ‘San Isidro del cambio’.

El primer aspecto a analizar es el de los triunfos. Aunque el número de Puertas Grandes es inferior al de otras ediciones recientes de la Feria, lo cierto es que la sensación generalizada es clara: San Isidro 2015 ha sido una Feria rica en cuanto a triunfos y noticias positivas. Más allá de la sensación están los números, que hemos analizado aquí y que no hacen sino confirmarlo: este San Isidro ha sido el mejor de la época reciente. Sebastián Castella y López Simón han sido los dos únicos matadores que han salido en hombros, a los que se suman Diego Ventura, Sergio Galán y Leonardo Hernández, que atravesó la Puerta Grande en volandas en dos ocasiones. Ritmo alto de triunfos, que pudo derivarse de un cambio de tendencia anterior incluso al comienzo de la Feria: ese festejo del 2 de Mayo en el que Morenito de Aranda y López Simón (herido), lograron la Puerta Grande.

Joselito Adame, Abellán, Del Álamo, Eugenio de Mora, Morenito de Aranda, Gonzalo Caballero, Francisco José Espada, Talavante, Jiménez Fortes, Luque, Bautista, Joao Moura, Sergio Galán… Todos ellos son nombres del triunfo, porque todos ellos puntuaron en Las Ventas. Y hubo otros muchos que destacaron en el ruedo de la plaza de toros de Madrid, aunque no cortaran trofeos: Rafaelillo, El Payo, Ritter, David Galván, Fernando Robleño. Tal nómina de destacados, una noticia de enorme impacto positivo por lo que supone de ampliación de la baraja, fuerza las costuras de la temporada venteña tal y como está organizada actualmente y plantea una pregunta y una reflexión: ¿Dónde van estos destacados? No es lugar éste para analizar si merecen más espacio en otras Ferias, pero sí desde luego para constatar que su mérito es suficiente para regresar a Madrid. Para ello, es preciso que la temporada se cargue un poco más de corridas de toros en detrimento de un número exagerado de novilladas. José Antonio Martínez Uranga, en una entrevista a este medio, ya mostró la disposición de la empresa a afrontar ese cambio. Una noticia positiva.

La mayor parte de las veces, el triunfo de estos toreros estuvo en el filo de una espada. O el viento lo desbarató, en una circunstancia no sólo triste sino casi indignante, sobre la que habría que tomar medidas empujadas sencillamente por la inteligencia: no es de recibo que la grandeza de este espectáculo tenga un ‘talón de Aquiles’ en algo tan razonable como que el hombre, con la tecnología, domine las corrientes de viento… Pero otro factor que ha impedido que la Feria de San Isidro 2015 sea un éxito aún más rotundo ha sido el escaso contenido que ha brindado la llamada ‘semana torista’ del abono. En las siete corridas celebradas dentro de ese período, solo dos toros, uno de Adolfo y otro de Miura, respondieron a lo que se espera de ganaderías de este tipo. El fracaso es mayúsculo, porque el turno de las ‘duras’ cortó la dinámica positiva de la Feria y debe abrir la reflexión sobre la pertinencia de que este esquema, siete corridas toristas en el abono, se mantenga de cara a 2016. Hay otro motivo para la decepción y el análisis, que tiene que ver con la afluencia de público: con la excepción, otra vez, de Adolfo y Miura, los días en que se anunciaba corrida dura, a la plaza fue menos gente. Se constata que los partidarios de estas corridas hacen más ruido en redes sociales que en taquilla…

Y ese aspecto conecta precisamente con otro de los cambios, quizás el más importante, que la Feria San Isidro 2015 nos obliga a contemplar: el cambio sustancial del público que acude a la plaza. Durante la semana torista, el ‘aficionado’ más exigente ganó fuerza dentro de la plaza, aprovechando la circunstancia de que decae el interés del resto de abonados y en la plaza se concentra un número mayor de gentes ‘no iniciadas’, que contempla el espectáculo en silencio o que incluso sigue sin conocimiento verdadero las consignas lanzadas desde un tendido concreto. En el comportamiento del abonado y el aficionado que no va a la plaza todos los días es de suponer que nadie verá una conjuración contra el ‘torismo’. De hecho, ese comportamiento, en buena medida novedoso, es norma también durante el resto de la Feria: casi nadie se permite ya el lujo o el exceso de acudir a la plaza los 31 días, y hay una cifra diaria flotante de asistentes que se renueva cada día. No son las mismas caras, no son los mismos gustos y no son las mismas ínfulas. Todos comparten, eso sí, un objetivo: pasar una tarde agradable y disfrutar de un espectáculo con interés. Sin dogma de ningún tipo. Ésa es la clave detrás de un público más volátil, sí, pero también más joven y menos agrio que ha venido, ojalá así sea, para quedarse.

De sus manos, como tercer pilar fundamental de este espectáculo, ha surgido este San Isidro de lectura capital e implicaciones extraordinarias. Ese público ha hecho que vuelva a tener sentido la máxima de que el toreo es reflejo de la sociedad y es el que ha metido en el añejo y caldeado cemento de Las Ventas, el oleaje de cambio que, a lo largo y ancho de toda la sociedad española, está acabando dinámicas viejas y pariendo dinámicas nuevas. El espectáculo debe estar a la altura.