Imagen de la mujer herida ayer en Valencia

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Los responsables profesionales y las asociacionesde la Fiesta han abandonado a sus gentes.Año tras año, las a sociaciones de matadores, de subalternos, de empresarios, de ganaderos, y tampoco las asociaciones de abonados, no han presentado ninguna denuncia, querella o requerimiento ante las autoridades ni ante la policía cuando se ha atacado con violencia verbal y física a quienes asisten libremente a un festejo de Tauromaquia. Año tras año los públicos han sufrido vejaciones, insultos, amenazas y agresiones. Pero el llamado ‘sector’ les ha vuelto la espalda.

El trato policial derivado de las órdenes políticas han puesto al público de toros en la situación de perseguidos.Ahí están y estarán los policías, sin hacer nada, en una y otra plaza, sentados en un burladero mirando al ruedo, a ver si el golfo del torero lo hace para ser esposado. Y ahí están los delegados de la autoridad, buscando chorizos en el ruedo, mientras a dos palmos de sus narices se apedrea a una mujer de 60 años. El trato policial al toreo es el mismo que en la época de los robagallinas. Protegen a los que se manifiestan de los que son insultados, agredidos, humillados.

Ir a los toros se ha convertido, en muchas ocasiones, en un acto de peregrinación de resistencia. En asistir a las catacumbas. Ahora sabemos que nuestras madres y abuelas pueden ser apedreadas sin que pase nada. Sin que ninguna institución u organización o entidad de toreros, ganaderos, empresarios, o profesionales, haga nada. Sin que ninguna asociación de abonados, foros de juventudes algunas, hagan nada. Es como si fuera del negocio y el dinero y de yo mí me conmigo, a los profesionales nada les interesara. Es como si fuera del ocio o de los ratos de quedadas o tertulias y fiestas o copas, a las asociaciones de aficionados, jóvenes, viejos, o mediopensionistas, nada les importara. No nos importa que una madre o nuestros mayores, puedan recibir una pedrada en la cabeza.

No hay una sola acción, un mísero comunicado de apoyo y solidaridad con los atacados en Valencia, de asociación, foro, matadores, subalternos, ganaderos… ¿Y esta es una actividad de arte, una manifestación de cultura? ¿Así protegemos a los que van a participar de la cultura del toro? ¿Esa es la conjugación del verbo ‘defender’? ¿Qué ha de suceder para que se nos regrese la dignidad? ¿Es esta la pasión de nuestros jóvenes? ¿Esa es su implicación? ¿Es esa la implicación del sector, de sus artistas? ¿El silencio?

Guste leerlo o no, haya las reacciones contrarias que haya sobre este editorial, vengan de quien vengan, disguste a quien disguste,  lo repetiremos una y otra vez. Sí. Policía e instituciones han permitido esta situación. De la otra parte, asociaciones de aficionados y de abonados y entidades del sector, han entregado la cuchara de sus derechos a los violentos, han abandonado al público. No hay una sola querella después de tantos años de violencia en juzgado alguno. Y quien entrega sus derechos sin luchar por ellos, no los tiene.Ha perdido lo que nunca nos van a regresar: respeto, dignidad.

Es evidente que existe una organización internacional o global que ya denunció mundotoro en soledad cuando el argentino Anselmi Rafaeli estructuró el final de la tauromaquia en Cataluña. Vieron nuestra debilidad, nuestra dejación, nuestra falta de pegada democrática. ‘Estamos estudiando denunciar… dice el empresario Nacho Lloret, uno de los agredidos en Valencia, en lugar de exigir y definir alto y claro que van a ir hasta el final,  exigiendo a la policía, autoridades, e instituciones políticas una investigación y el cumplimiento de la Ley.

Año tras año, feria a feria, plaza a plaza, gentes pagadas hacen su tour particular de violencia en contra de públicos cuyo delito es asistir libremente a un espectáculo legal.Y eso sucede porque hemos dado la espalda al que paga. Le hemos dado la espalda a esa señora de 60 años ensangrentada a la que nadie defendió o protegió. Llevamos años con el síndrome del cordero, con el silencio de los derrotados, con una inhumana falta de arrestos. No hemos luchado una sola vez en democracia por nuestros derechos, por nuestra dignidad. Somos el ejemplo más evidente deuna sociedad cuya banda sonora original es el balido inexistente del silencio de los corderos. Síntoma evidente de nuestra actual forma de querer, amar, abrazar y pelear por nuestra pasión.

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