Por encima de cualquier ideología, cualquier aficionado o público de toros debe de comprender el paso histórico que la Comunidad de Madrid ha dado al declarar la Fiesta como BIC, Bien de Interés Cultural. Por primera vez en la historia, el toreo sabe dónde está y está donde siempre quiso estar. En Cultura. Eso implica dos cosas. Una, que nadie podrá actuar en contra de ella. Dos, que la propia Comunidad se obliga a tratarla como una actividad cultural. Es decir, que ahora tiene por delante una serie de obligaciones hacia ella, desde su fomento y desarrollo legal, hasta el cambio de su tratamiento fiscal e impositivo, incluida una nueva sensibilidad a la hora de redactar los pliegos de condiciones para licitar en las plazas de la Comunidad.

Por tanto, este brindis al sol con el que ciertos sectores resumen la decisión de Esperanza Aguirre, jamás puede ser un juego. La ley, afortunadamente, no es un juego. Esa ley que el toreo siempre ha aborrecido, la que tanta pereza le ha causado. La que desconoce y por la que jamás se preocupó. La declaración de Madrid es, por fin, el paso a Cultura. Un traslado y un blindaje que se ha llevado a efecto en menos de un mes. Este medio lleva reclamando e indicando el camino para el cambio desde hace muchos años. Nadie hizo caso a este predicar en un desierto lamentable. Ahora se lleva a cabo de forma rápida, eficaz y con el mismo argumento.

El argumento no es tan esotérico.Existe una Ley de Patrimonio Histórico Español que arranca de la propia Constitución. Curiosamente, en ambos textos es el artículo 46 el que define qué es patrimonio histórico de los españoles. Una redacción en la que, por supuesto, queda recogido el toreo de forma clara. Además, la Constitución deja más claro aún que este patrimonio deberá defenderlo el poder público por encima de titularidades físicas o jurídicas.Es decir, que una Comunidad no se pude saltar a la torera lo que la Constitución salvaguarda y obliga a todos.

Al ser transferidas varias competencias (cultura, espectáculos, etc..) a las Comunidades Autónomas, esta Ley de Patrimonio Histórico ha sido desarrollada por los distintos gobiernos dentro de su propio territorio. Madrid, por ejemplo, tiene su propia ley de Patrimonio Histórico. Esperanza Aguirreno ha hecho otra cosa que acogerse a esa ley y, en base a su contenido, declarar a los toros Bien de Interés Cultural. Así de importante. Así de sencillo.

Por tanto, el Gobierno de la Nación tiene en sus manos declarar al toreo Bien de Interés Cultural, con lo que pondría fin a cualquier agresión de cualquier parlamento autonómico o grupo de interés o presión. A partir de la ley de Patrimonio Histórico de los Españoles, declarar a la Fiesta Bien de Interés Cultural, sería el final de los problemas y el inicio de un nuevo futuro, un nuevo desarrollo. Si el toreo no lo exige ahora, con estos precedentes, no se merece tener la fiesta que tiene y peregrinarán luctuosos a Barcelona una y otra vez. Hay que tomar decisiones. Se tienen que tomar decisiones.

Exigir lo que ya existe en Madrid. Porque si no se hace, este espectáculo está exigiendo ya otra cosa, que todos sus gestores pongan encima de la mesa su dimisión y se dediquen a otro asunto. Porque el toreo les viene grande. Porque tienen que asumir retos más allá de su negocio. Porque miles y miles de aficionados y cientos de miles de personas adeptas al toreo están esperando un gesto, un paso, una actitud nueva en los que gestionan el toreo. Es un contexto histórico único. O lo hacen, o que se vayan.