Por MARCOS SANCHIDRIÁN
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El destino se volvió a cruzar con las astas de un toro. Parecía un deja-vú. Aquellas imágenes ya las habíamos visto. Las noticias, que llegaban con cuenta gotas, ya las habíamos escuchado… Pero irremediablemente era real. Tan real que volvía a despertar los mismos sentimientos que se creían ya superados con la vuelta a los ruedos del héroe caído: el dolor. Y es que el pitón entró casi por la misma zona, causó prácticamente los mismos destrozos pero era a miles de kilómetros de Zaragoza aquel día en que la Pilarica echó su capote salvador.

Minutos. Horas. Días. La vida y la muerte se debatían en una lucha constante. El misterio del toreo, desvelado una vez más. Aunque muchas veces se nos olvide. La mirada y el corazón estaban puestos en el Hospital 20 de Noviembre de México DF del que afortunadamente llegaban noticias de una mejoría casi milagrosa.

Antes de que cualquiera pudiera imaginarlo, Juan Luis Silis obró el milagro. O San Martín de Porres. En el momento tan esperado no pudo faltar Juan José Padilla que acudió a dar aliento y apoyo al torero herido. Las palabras que se cruzaron estuvieron llenas de verdad: ‘Si antes lo respetaba y lo admiraba como torero, ahora lo quiero’. A lo que el jerezano le contestó con tan sólo una palabra… ‘Paciencia’. Dos toreros unidos por el dolor y la superación.

No soy capaz de imaginar la emoción que pudo sentir el mexicano cuando volvió a coger una muleta. Fue en la ganadería Rosas Viejas y al no poder probarse porque sabía que no estaba aún en las condiciones más óptimas, cogió la pañosa y dibujó varios lances en la arena que hicieron olvidar tanto sufrimiento.

Su ilusión estaba puesta en el 15 de diciembre en la Monumentaldonde estaba anunciado, precisamente, con su ídolo pero la razón se impuso. El momento tan esperado tendrá que esperar aunque esa ovación que recibió durante el brindis que le dedicó Padilla seguro que le ayuda un poco más para seguir en el camino.

La lucha aún no ha terminado. Por delante está el mayor reto de su vida. Olvidar y volver para confirmar aquello que estaba persiguiendo: ser uno de los toreros mexicanos de mayor proyección.

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