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CRÓNICA Del indulto de Escribano a 'Cobradiezmos' ‘El toro que sueñan todas las vacas’ 13/04/2016 22:37

icono-sumario ‘Una felicidad en pie de guerra que no deja prisioneros, que nos mata a todos, que nos resucita y nos quiere y que nos quiere porque nos mata’

icono-sumario La faena de Escribano, sincera como el toro, fue de mano apasionadamente baja, vuelos por debajo de la pala del pitón, cinco y seis muletazos, pitón derecho e izquierdo, siempre en los medios. La vida hay que vivirla en los medios’

icono-sumario ‘A Escribano le picó espuelas Ureña. Un tipo de frágil mirada y callado toreo. Casi melancólico. Se metió a Sevilla en el bolsillo al ponerse a torear renunciando al cuerpo casi sin probaturas’


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Tan real como es real un sueño que, de tanto soñarlo, nunca nos duerme. De gargantas rotas. De camisa partía. De alma bombardeada por la artillería sin bombas que es la pasión. Un manicomio. Una felicidad en pie de guerra que no deja prisioneros, que nos mata a todos, que nos resucita y nos quiere y que nos quiere porque nos mata. Qué mas da… Eso fue en Sevilla, enamorada por un toro de hechuras diseñadas para la armonía, cárdeno, mirada de hombre bravo, bajo de agujas, manos breves, estrecho de sienes, pitones vueltos. Toro que sueñan todas las vacas en duermevela de parto. Embistiendo como enamorado y fiel y leal a los vuelos de la muleta de Escribano. Qué profundo y qué bravo. Qué faena grande por verdad, continuación de otra de un torero de pureza melancólica, Ureña, que durmió las muñecas y ausentó el cuerpo en una faena de quilates.

Ganarse la vida por guapo y bravo. Que la vida no es gratis y si lo es, que la viva un imbécil. O un pusilánime, un rajado del PP o el PSOE o de Podemos o de C’S, o uno de ésos que dicen que no hacemos falta. Que somos sobras del mundo, migas olvidadas del banquete de esta sociedad de pan sin trigo. Sobras de la memoria, nos dicen, caverna de insensibles. Putamadre. Ni prestándoles los ojos y los oídos verían y escucharían la vida cuando pasa de verdad, la que el toreo muestra cuando es así. Una tarde de ida y vuelta, vida misma. Llanto y risa, seda y espuela, espada y rosa, que de todo hubo en una corrida de toro superior y otro de ganarse la vida. Que la vida no es gratis. Que por nacer no vivimos, sino que sólo sobrevivimos. Que nacer es pelear. Idiotas. Nacer es para embestir. Este toro nació para embestir. Para vivir.

Iba la tarde marcada por dos toros de espina y una faena primorosa de Ureña, cuando Escribano se fue a la cueva de chiqueros por donde salió un toro limpio, como sacado de un cuento donde él era el príncipe. Guapo de piropo. Se abrió a la izquierda antes de pasar por la larga a portagayola y antes de meter bien la cara abajo en los lances del tercio de chiqueros. Pronto y bravo en varas, todo lo que tenía el toro era vida brava. Porque la faena de Escribano, sincera como el toro, fue de mano apasionadamente baja, vuelos por debajo de la pala del pitón, cinco y seis muletazos, pitón derecho e izquierdo, siempre en los medios. La vida hay que vivirla en los medios.

Duró la emoción lo que duró la faena, larga. Mantuvo siempre el mismo querer, el del toro por embestir como enamorado tras los vuelos de la muleta. Y el querer igual del torero en cada tanda. Rota la camisa, Sevilla comenzó a pedir la vida, primero a golpes de voz aisladas y luego en coro de apasionado deseo cuando Escribano siguió toreando a dos manos, luego por los dos pitones. Indultar es palabro feo. Los gobiernos se hartan de indultar a chorizos. No igualemos. Esa palabra es procesional, pecaminosamente cruel. No es indulto. Perdón. Quien necesita perdón sabiendo vivir como ese toro. No. Ni perdón ni misericordia. Es consentir la vida. Es, sencillamente, dar valor a quien merece la pena vivir. Eso es el toreo, joder.

A Escribano le picó espuelas Ureña. Un tipo de frágil mirada y callado toreo. Casi melancólico. Se metió a Sevilla en el bolsillo al ponerse a torear renunciando al cuerpo casi sin probaturas, en una tanda dormida con la derecha al tercero de la tarde. Y así lo hizo todo, sin gesto de más, ausente de expresión en rostro y lleno de ella al enganchar, esperar, recoger y trasladar unas humilladas y despaciosas embestidas por el pitón derecho. El izquierdo no fue lo mismo, pero el toro, por abajo y por el derecho fue profundo y hondo el toreo de Ureña. La estocada caída fue pecado venial hacia las dos orejas. Las primeras de la feria. De peso en quilates.

La tarde fue tanta vida que en ella asomó la lágrima de la frustración. Por ejemplo, la de Morenito con un lote conformado por un toro que jamás enseñó su trabajera y hasta su peligro al tendido. Faena de torero dispuesto y firme, larga, sin volver la cara nunca. Solventado cuando el toro reponía o sacaba la cara por arriba. Y a portagayola se fue en el quinto, siguiendo la estela de la tarde tensa. Fue éste toro áspero, reponedor, de caras altas. Nada le regaló la tarde histórica a este torero que jamás entregó la cuchara y que hasta pudo pasar al hule cuando el toro le echó mano.

Claro que Escribano también pudo seguir el mismo camino en el primero y Ureña en el descastado y malo que cerró la corrida. La vida también tiene eso, que el toreo y la vida son sangre también, qué se creen. Que a veces la pelea lo es y si, mancha y duele, pero más duele esta vida de cartón piedra y de animales miau-guau castrados y de políticos e intelectuales con neurona necrosada que dicen somos el pasado. Un carajo. Somos, cuando lo somos, este sueño que, de tanto soñarlo, nunca nos duerme, nos desvela. Nos mantiene vivos esta fiesta de siglos. Que tantas veces nos mata porque nos ama y que nos ama porque nos mata. Que nos ofrece esta vida que consiste en nacer para vivir. Nacer para embestir. 

Hierro de Victorino Martín - España Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Undécima de la Feria de Abril. Toros de Victorino Martín, complicado el primero; exigente el segundo; notable el tercero; indultado el gran cuarto, Nº 37. ‘Cobradiezmos’. Cárdeno. 562 kilos. 12/2011, peligroso el quinto y deslucido el sexto. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Manuel Escribano, silencio e indulto;
Morenito de Aranda, palmas y silencio;
Paco Ureña, dos orejas y silencio.
 
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