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Podemos morir de un empacho de intransigencia. Una mezcla de conservadurismo y radicalidad que nos hace dividir al mundo en dos: los que son aficionados y los que no lo son. Esa división, como todas, es la que cava trincheras y nos alienta a una batalla que nos desangra. Una trinchera que hace frontera con todo aquel que no comparta nuestros gustos. Está permitido leer a Hemingway porque era de los nuestros, de este lado de la trinchera. Pero no lo está leer a Truman Capote, del otro lado de esta frontera. Esta intransigencia, esta especie de fanatismo tribal, este jomeinismo estéril y absurdo, injusto y medieval, lo sufre ahora Albert Rivera, líder de Ciudadanos.

No hay una declaración de este hombre que, al menos, aún anda libre de quedarse con euros ajenos, donde dijera que era o que es aficionado a los toros. Si la hay diciendo que no lo es. Y ese es su pecado. Su lacra, su estigma, su condena. Su traición. Y por eso es víctima propiciatoria de las huestes que gustan de las trincheras. No le dan valor a la valentía auténtica. Esa que consiste en defender lo que uno no ama por razón sencilla de defender la libertad para amar.

Lo que uno defiende por razón de afinidad, interés, participación, no es valentía. O no es la valentía mas valiente. El valor máximo está cuidar o amparar o ayudar a desatollar algo (una idea, una actividad) por la sencilla y humana razón del principio del respeto, el principio ético de la tolerancia, el del apego a la cultura, la defensa de los derechos y libertades no compartidas por uno mismo. Hemos creado que querer es que nos quieran, que amar consiste en que nos amen, que dar es el principio obligado del recibir. Y es un gran error.

Que nos amparen los que no nos aman sería la solución, el gran logro de la tauromaquia. Que nos protejan y defiendan por razón de defender la libertad de cada cual, por razón de respeto, de tolerancia, de democracia, sería el gran logro de la tauromaquia y sus gentes. Y, hoy por hoy, la tauromaquia sólo puede estar agradecida a Rivera. No olvidemos causas y casos. Lo desearíamos como aficionado. Pero lo necesitamos para nuestra libertad.