Video resumen del festejo I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Cuando la México siente, ruge como ninguna otra. Grita, llora, ríe y ama. Insurgentes es la máxima expresión de los sentimientos. Chispas como las pavesas que pueden resucitar un fuego. La llama viva existe entre Enrique Ponce y la Monumental. El valenciano siente el calor desde prácticamente el mismo día de su confirmación. Una relación de amor, cultivada por el paso del tiempo. Carta a carta. Suspiro a suspiro. Muletazo a muletazo. Ponce es su consentido por cosas como las que hizo a Vivaracho, un sobrero de regalo obligado por un público que quería más. Ahí surgió la comunión en una tarde que nadie quería terminar.

Porque si Ponce estuvo bien con el quinto, la actitud heroica y de tío de Joselito Adame frente al sexto fue de valorar como primera figura de México. Con un ambiente hostil y un público áspero, no tuvo más remedio que irse a matar con el sombrero de Manolo en el primero, poner banderillas donde sufrió una voltereta escalofriante y sobreponerse para estar como están los machos. Pedazo de torero.Y El Payo que destapó ese tarro que solo se derrama de vez en cuando. Esencia del torero más mexicano de los artistas. Más artistas de los mexicanos. Toreó como Dios.

México quería ver a Ponce. Por eso se lo pidió sin decoro. Querían este sobrero. Salinero, cuajado de Teófilo. La ambición sin límite del valenciano le hizo cuajarlo a placer. Brindó al público, ese que le ha hecho estar ahí desde su confirmación, siendo su consentido y por el que ha toreado donando sus honorarios. Ese relajo con que toreó al natural, esa maestría para engancharlo ofreciéndole el envés de la muleta para ralentizarlo y torearlo más despacio. Los cambios de mano duraron una eternidad. Este sí, tuvo calidad y buena condición para seguir los engaños hasta donde Ponce le llevó. Dos poncinas para cerrar fueron de locura. El olé desgarrado de México. El público en pie. Pañuelos al aire. La espada cayó un poco desprendida, lo que dejó el rabo en una petición como había tiempo que no se veía. Ponce reconquistó la México.

Al quinto de Teófilo, Enrique Ponce lo cuidó en los primeros tercios. Largo de viga pero justo de cara, no se empleó en los primeros compases. El valenciano sabe cómo sacar provecho a los toros sea cual sea su condición. Por eso la faena creció a base de toreo suave, lento, sin quitarle la muleta de la cara. Ponce le hace cosas al toro que nadie espera. Cerró con una poncina y mató de una estocada entera perfecta de ejecución pero algo tendida, lo que no le dejó rematar completa una tarde muy especial para él. El público reconoció a su consentido con una vuelta al ruedo.

Después lo recibió Enrique Ponce en un largo y brillante inicio a la verónica y ya en los medios con ceñidas chicuelinas ante el buen son del cárdeno. Probablemente debido a la circunstancia inicial, el toro se aquejó en su comportamiento a la salida del peto. Con la muleta, Ponce lo llevó a media altura. Gran calidad la del de Barralva. Todo fue suave, hubo muletazos largos y sentidos mientras el toro pudo. Lo pasaportó de un espadazo.

El Payo se abrió con buen son de capa para recibir al séptimo de Barralva. El público obligó a Enrique Ponce a regalar el sobrero, lo que hizo una vez concluido el tercio de banderillas. Después desplegó El Payo la muleta para cuajar una de sus grandes faenas en la México. Tremendo. Hubo muletazos de bellísima factura. Artístico, improvisado. Los cambios de mano tuvieron gran enjundia por asentados y a la vez con ese pellizco que tiene el más artista de los mexicanos. Dejó una buena estocada y cortó una oreja.

No tuvo opción El Payo con el deslucido cuarto. También saltó al callejón en su primer contacto con el ruedo el de Barralva, feo de hechuras. Cada embestida fue defensiva, empleándose con las manos. No mejoró conforme evolucionó la lidia y no descolgó en ningún momento.

Joselito Adame saludó al sexto con una larga de rodillas. Cuajado y bien hecho, se apagó demasiado pronto. Antes, quitó por zapopinas y ante la exigencia del público cogió las banderillas. Con poder el primer par. En el segundo, pisó mal al cuadrar y cayó en la cara del toro. Se vivieron instantes de máxima tensión con varios derrotes que le destrozaron la taleguilla. Muy mermado, no quiso abandonar el ruedo lo que propició la heroicidad. Lástima que no acompañase el de Barralva que en cuanto se sintió podido se fue a las tablas y ahí no quiso pelea. Loable y valerosa la actitud de Adame que defiende su lugar en la plaza más grande del mundo.

Joselito Adame se fue a la puerta de chiqueros para recibir al tercero de Teófilo. Este mexicano es figura en su país, por eso lo miden tanto un sector del público. El de Teófilo era largo, alto de agujas y lavado de cara. Tuvo firmeza la primera parte de la faena pero donde todo llegó al cénit fue en el segundo tramo. Quietud, valor, desnudo ante la Monumental. Los pitones rozando la taleguilla. Empujándolo hacia adelante para que rompiera. Superior. Así se defiende su estatus de figura. Fue a por la espada y, sin previo aviso, caminó hacia Manolo, uno de los personajes más populares de la Porra de Sol, y le pidió su mítico sombrero. Lo dejó en el ruedo, cerró por bernadinas y cuando lo tenía cuadradado, Joselito cambió la muleta por el capote y se fue detrás de la espada. Lástima que cayera un tanto tendida lo que le obligó a usar el verduguillo. Así, Joselito -como ya pasó en San Isidro- volvió a capitalizar uno de los momentos más emotivos de la Temporada Grande.

La anécdota del festejo llegó con el precioso segundo de Barralva. Acapachado, serio y bien hecho. Cuando pasó por el burladero de picadores, fue directo hacia las tablas sobre las que saltó. Fue tal el salto que se quedó encajado en el burladero interior. Una imagen curiosa que se saldó con el laborioso trabajo de los operarios, los banderilleros e incluso los aficionados que tiraron con una soga atada a los pitones.

Jorge Hernández Gárate lidió con buen criterio al toro de El Vergel que abrió el festejo. Después de poner un rejón de castigo, completó un intenso tercio de banderillas, sobre todo, a lomos de Valladolid. Toreó muy ceñido y con temple. Destacó, también, un par al violín o las tres cortas, que clavó arriba. El astado, de gran juego en toda la lidia, se lesionó en el último arreón y complicó la suerte suprema al rejoneador que había dejado muy buenas sensaciones.

Hierro de Barralva - México Monumental Plaza México. Tercera de la Temporada Grande. Casi lleno en el numerado. Toros de Vergel, 1º de buen juego, Barralva, 2º, 4º, 6º, bien presentados y de juego desigual, y Teófilo Gómez, 3º, 5º, 7º y 8º, sobrero de regalo, premiado con el arrastre lento. Hierro de Teófilo Gómez - México
El rejoneador Jorge Hernández Gárate, palmas;
Enrique Ponce
, silencio, vuelta al ruedo y dos orejas con petición de rabo;
Joselito Adame
, división de opiniones y ovación;
El Payo
, silencio tras dos avisos y oreja.
Enrique Ponce recogió una ovación tras romper el paseíllo y la compartió con sus compañeros de cartel.

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