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ARTÍCULO de C.R.V. ‘Entrevista con un castrado’ 27/08/2015 12:32

icono-sumario Hay un negocio que convierte a los animales en objetos de uso. Y animalistas y veganos callan.

icono-sumario El negocio ya no es el ser humano; es el animal

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C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

 

 

Ayer conversé, vis a vis, con un vegano. No tiene aspecto de perroflauta, como mi prejuicio intuía. J.D.F son sus iniciales. Los prejuicios niegan la inteligencia, pero, a veces, caigo en ellos. Llevaba varios meses escribiéndome con él por email. Hasta su aparición sólo se habían  ‘comunicado’  conmigo un buen número de gentes afirmadas como animalistas o veganistas para los que soy un reaccionario, un facha, un ultra. Un ‘asesino’ o un ‘maltratador’. Pero en un mensaje privado, creí intuir en Pepe, así le diré aquí, cierta afinidad de conceptos, después de denunciar por primera vez la esclavitud animal de los millones de mascotas, de su negocio imparable, de las prácticas de castración y esterilización masivas… sin que veganos o animalistas hayan alzado la voz contra este negocio a costa del animal.

Negocio que, a mi juicio, convierte al animal en objeto de uso y cuyo crecimiento se labra en un mensaje global, manipulador y estructurado, en el que las multinacionales invierten miles de millones anuales con un fin: vender más mascotas, hacerlas más ‘humanas’ y crear más necesidades a cubrir. Es decir, ampliar el multimillonario negocio del que, por cierto, ni una sola televisión, periódico, o asociación animalista o veganista, hayan, como mínimo, reflexionado. En los primeros emails Pepe se sorprendió de varias cifras. Por ejemplo, que el ANFACC (Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía) tiene censados a unos 18 millones de perros mascotas en España. Que gastamos entre 700 y 1.100 por perro. Multiplica la pasta, le digo.

En una ciudad media de España, como Gijón, el censo de perros supera en 4.500 al censo de niños hasta los 10 años. Pero las previsiones de Nestlé, Procter, etc.. para  los próximos cinco años, dicen que ésta diferencia censal será de unos 12.000. Por tanto, le digo a Pepe qué piensa de mi teoría. Uno. Hasta hace 40 años, el índice de crecimiento de la población occidental era superior o igual al de la mascota.  Dos, el negocio de estas multinacionales era la alimentación infantil, eran las necesidades del ser humano. ¿Quién no ha unido la imagen de Nestlé con la de un bebé? Tres, desde hace cuatro décadas estas multinacionales analizaron el mercado del ser humano en su decreciente índice de natalidad, y promocionaron el mensaje global de la mascota, generando en el ser humano la necesidad sentimental de tener una en casa.

Cuatro- le digo a Pepe, que se toma un agua sin gas, terraza de Rosales, Madrid, verano de 2015las inversiones de medicina, medicamentos, productos de alimentación, ocio, etc. de estas empresas, ya no son hacia el ser humano, sino hacia la mascota. Un dato: hay ya más y mejores servicios veterinarios, hay una farmacología hacia ellos, superior a los servicios sanitarios para el ser humano. Superior. Es más, la Generalitat de Cataluña, hace tres años, subvencionó la castración y esterilización de las mascotas, intervenciones que de forma privada pueden alcanzar los 200 euros y que se puso a un coste de 30, asumiendo la administración el resto del montante. ¿Cuántos hospitales cerraron ese año parte de sus servicios? ¿Qué te dice eso, Pepe?

Mi entrevistado no está de acuerdo con la castración de perros y gatos. Moralmente le parece una aberración. La ideología vegana y el animalismo occidental basan sus principios en la igualdad por razón de especie. Algo que yo no comparto, afirmo. El sí. Y dice que toda castración es aberración. Yo busco el porqué de castrar. Uno, porque es un negocio. Dos, porque un animal entero, sin castrar, tiene comportamientos naturales animales muy incómodos para convivir en una casa, desde el celo a todos los que emanan de la testosterona. Es decir, frenaría la venta de mascotas. Tres, porque hay que controlar el mercado: un exceso de población deprecia el producto, es decir, el animal.

Cuatro, porque las multinacionales saben del riesgo que emana de la súper población y hay que controlarla. Moral y económicamente, es difícil controlar la natalidad den la India o en China, países donde la pobreza hace que el ser humano no tenga una economía para invertir en alimentación y salud. Pepe, le digo, me da la impresión de que el ser humano ha abandonado al ser humano cuando éste ha dejado de ser negocio, y lo ha cambiado por el perro. Él bebe agua.

Le digo entonces que él y yo somos animales. Lo hemos olvidado, pero la raza humana es una raza animal. Dice que de acuerdo. Y le digo que me argumente la razón por la que un individuo de una raza deja de luchar por la supervivencia y bienestar de su raza, para pelear por el bienestar de otras. Una cuestión que no sería algo inmoral, sino un error de  prioridades. Le digo si no está de acuerdo en que el animal  mascota es, moral y  económicamente, una especie de nuevo esclavo al que se puede castrar, esterilizar, no importa que por ello desarrolle enfermedades o desnaturalizaciones, controlar su ‘derecho’ instintivo y distintivo natural de raza para repoducirse, para ser depredador o presa…

Le digo qué moral si no es la moral del negocio es aquella que niega a un ser vivo el derecho implícito de manifestar su existencia tal y como lo concibe su raza: perpetuar su existencia luchando para vivir, reproduciéndose para vivir, siendo presa o depredador para sobrevivir, en un equilibrio natural más legítimo y justo que ningún negocio, mascotismo, animalismo o veganismo puedan exigir. Le pregunto quién tiene derecho, quién les legitima, quien les hizo Dios creador o madre naturaleza o ley de evolución privada para cambiar, frustrar, romper ése natural derecho que todo ser vivo tiene de manifestar su existencia.

Le digo que la moral y la ética privada no tienen legitimidad para truncar la evolución de especies. Le digo que, por ley natural de la evolución y no por negocio alguno, la raza humana es superior a las demás razas de animales y que su moral o su ética no podrán hacer jamás de un perro o un gato un igual a mi o a él. Le digo que animalistas y veganos son los que deberían estar proponiendo este debate, el de un problema moral, social, económico y hasta un problema de reparto de recursos y sus prioridades, y no lo hacen. ¿Por qué? Yo le digo que están pagados. Comprados. Y se cabrea. Disculpa, Pepe.

Me dice que coincide en muchos de estos planteamientos. Hay muchos animalistas, me dice, contrarios a todo esto. Pero que hay una especie de pacto entre ellos para evitar a toda costa cualquier conflicto o discusión de este ‘movimiento’, porque saldrían perjudicados. Joder, Pepe. Le digo si conoce una dehesa de bravo. Me dice que no. Le digo si conoce el perfecto equilibrio natural en forma de ecosistema. Me dice que no. Le digo que me explique que moral o ética superior permite las aberraciones que el ser humano comete con su nuevo esclavo eunuco llamado mascota, en nombre de su bienestar. Le digo qué animal es un animal castrado, qué ser es un ser castrado, sino un objeto que el hombre usa, disfruta, luego de restarle su instinto animal, es decir, su derecho a ser animal. Ése por el que vosotros decís estar luchando. Le digo que busque hora y fecha y tele o medio para este debate. El real, con la tauromaquia incluida.

Y termino con algo que no comprendo, Pepe. Usando vuestro propio ideario y bases de actuación, pregunto. Si somos animales todos, qué especie animal no comienza su solidaridad natural con un semejante a su especie. Un león para con otro. Una gacela para con otra. No he visto un león buscando los derechos civiles de la gacela. León come gacela. No porque el león sea cruel. La igualdad por razón de especie es una aberración. El término de igualdad es inherente a los derechos del ser humano, el animal humano. Y sin embargo, miramos hacia otro lado ante la desigualdad más brutal que hace que un hombre sea superior a otro hombre.

Si a tu alrededor, Pepe, hay seres humanos, animales de tu especie, de tu piel, unidos mucho más que por razones de raza, fíjate, piensa, unidos por el mismo ADN, la misma cultura, idioma, religión… ¿Qué ética moral superior hace que tu prioridad sea el toro y no un semejante de tu especie? Y, Pepe, tenéis una ventaja de años: os hemos cedido el argumento que era nuestro. Tú eres el gato que se arrulla, el perro que se pasea a nueve euros la hora mientras que pasear a un anciano cuesta seis euros. Ésta es nuestra castración, amigo. Somos animales castrados. Tú. Yo.

Gracias por venir, Pepe.  

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