ELENA PALOS

MADRID (España). Su carrera ha sido meteórica, aunque tardía. Con 24 años, después de terminar la carrera de Derecho, sorprendió a su familia con la decisión de seguir los pasos de su abuelo, matador de toros. En tan sólo tres años pasó de ser un estudiante a medirse en las plazas con las grandes figuras del toreo. Su toreo vertical, estático y elegante logró captar la atención de los aficionados de toda España. Después de una temporada difícil, la del año 2000, Vicente Barrera viene a por todas, con la mirada puesta en su primera gran cita del año, Valencia.

El pasado 30 de abril, un toro de María Lourdes Martín te produjo una grave lesión en la plaza de Mora de Toledo que, finalmente te obliga a cortar la temporada. ¿Cómo viviste aquellos momentos y cómo te encuentras ahora?
La verdad es que me costó mucho aceptar que no podía seguir toreando, pero al final tuve que dar por finalizada la temporada porque me di cuenta de que era imposible seguir. Era luchar contra corriente. Ahí ya me tranquilicé, pero antes me sentí muy mal al darme cuenta de que no avanzaba y de que se me iba la temporada. Yo quería reaparecer porque pensaba que me iba a quedar muy descolgado pero cuando decidí cortar la temporada ya me tranquilicé y empecé a aceptarlo. Ahora ya me encuentro muy bien. He reaparecido en América y, a pesar de que los toros no han ayudado mucho, me he encontrado muy bien.

– Después de tanto tiempo sin torear ¿cuesta mucho volver a empezar, volver a la cara del toro?
Sí cuesta sí, pero yo creo que más que por la inactividad, porque hombre, torear… uno sabe torear, es por el hecho de hacer tanto tiempo que no te pones delante de la cara de un toro. Eso te produce inseguridad. No sabes cómo te vas a encontrar, si te va a producir más respeto, más miedo… y, sobre todo, pensar en si vas a estar bien o vas a estar mal. Yo luego he resuelto bien, a pesar de que no había toreado casi nada, solamente alguna vaca. Torear sigo toreando igual, siempre he toreado igual, no se me ha olvidado, pero lo que más se siente es inseguridad e inquietud.

Competir con Ponce es muy duro

– La primera cita importante del año la tienes en tu tierra, primero en Castellón y luego en Valencia,en unos carteles muy importantes ¿Estas circunstancias de las que hemos hablado van a hacer que la próxima Feria de Fallas sea una feria especial?
Valencia para mí siempre ha sido muy especial pero este año, quizá, como he estado tanto tiempo inactivo, espero que sea de nuevo mi rampa de lanzamiento. Voy, además, en un cartel fuerte, pero ya me ha pasado muchas veces. Siempre he ido en carteles donde me he encontrado con esa gran figura de Valencia que es Enrique Ponce, también fuera de Valencia. Siempre competir con Ponce y en Valencia es muy duro y este no va a ser un caso distinto, estoy seguro. Es una gran figura del toreo, lo ha demostrado sobradas veces, y no creo que se pueda decir de él que esta de capa caída o que esté bajando la guardia para nada.

– Y después de Valencia, ¿qué te gustaría que pasase esta temporada? ¿cómo te la planteas?
Me gustaría torear unas ochenta corridas de toros este año pero soy consciente de que todo dependerá de mi inicio de temporada, que para mí será en Castellón y Valencia y, si las cosas ruedan y salen bien, será fácil sumar ese número de corridas. Antes tengo varios festejos, el domingo que viene toreo en Caravaca (Murcia) si el tiempo no lo impide, el 17 voy a un pueblo de Toledo y luego ya el 18, a Castellón y el 19, a Valencia.

– Desde tu inicios se te ha criticado por tener una forma de torear ´amanoletada´, utilizando este término de una manera más bien despectiva, y por otra serie de cuestiones técnicas que a otros torero, en cambio, se les alaban…
El toreo es un arte, es una expresión y no se puede matizar diciendo que si la muleta un poco más adelantada o más atrás… en tecnicismos. Lo que verdaderamente es importante es que te emocione la persona que está en el ruedo, que te guste o que no te guste. En los últimos tiempos yo creo que nos hemos puesto a analizar, excesivamente, como espectadores la técnica. Nos fijamos mucho en la posición de la muleta, de los pies, del cuerpo… y el toreo no es eso, es un arte y lo que importa es que te emocione y te guste. Yo tengo un estilo definido que es el que me ha puesto ahí y el que me lo ha dado todo y lo que tengo claro es que no puedo renunciar a él. Ni puedo ni quiero.

– Una de las plazas en la que más se te ha exigido es la de Las Ventas de Madrid,donde todavía no has conseguido entrar. Por ejemplo, no sé si estás muy de acuerdo con la respuesta del público aquella tarde en la que toreaste de forma excepcional al natural a un toro de Samuel Flores
Esa tarde se pidió la oreja con fuerza, pero no con la fuerza que creo que se debería haber pedido y eso si me apenó porque yo creo que esa hora se debió cortar. La relación mía con Madrid creo que es como la del resto de los toreros en general, salvo excepciones, un poco complicada. También hay que tener en cuenta que yo había ido ya seis o siete tardes a Madrid y no había pasado nada, y eso es una losa que llevamos los toreros cuando vamos a una plaza como Madrid y no pasa nada. La gente te espera ya un poquito de uñas, pero esa tarde yo creo que sorprendí y por lo menos conseguí poner a la gente de Madrid a la expectativa para un futuro y para seguir confiando en que dentro de poco voy a poder cuajar un toro en Madrid.

– Vicente, ya para terminar, ¿cómo ves tu el momento actual de la fiesta?
Profesionalmente se vive un momento duro porque hacerse hueco en el escalafón es muy complicado ahora mismo. Es muy difícil entrar en la élite y para llegar arriba hay que recorrer un camino muy duro. Hay toreros muy consolidados, hay otros con una novedad muy fuerte y entrar en las corridas que a uno le apetece torear en las ferias está muy complicado, aunque el toreo siempre ha sido así. Yo voy a intentar estar lo más fuerte posible, pero en el toreo uno lucha consigo mismo y de lo que se tiene que preocupar es de triunfar él, no estar pendiente de peleas contra otros. Cada tarde compites y te peleas contigo mismo para subir un peldaño, independientemente de que los otros suban o bajen. La pelea que yo voy a plantear va a ser así, para intentar subir muchos peldaños para llegar a lo más alto. Por lo menos intentarlo lo voy a intentar.

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