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EDITORIAL del 12 de agosto de 2015 ‘Gabinete de crisis’ 12/08/2015 10:37

icono-sumario ‘Hemos permitido la caza de la Tauromaquia con las manos en los bolsillos’

icono-sumario ‘Hay que crear un gabinete de crisis que denuncie cada ataque, cada insulto’

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Asistimos como país, pusilánimes, a una deformación social que pervierte leyes y deforma éticas y morales. Y  como parte de este país llamado España, asistimos, inmóviles, al saqueo y asalto a bayoneta calada del toreo. Nos hemos hecho una sociedad que espera sin hacer nada,  a no se sabe quién,  para que nos regrese nuestra ley, nuestros derechos y  nuestra libertad moral. Como gentes de la tauromaquia, somos reflejo de esa sociedad inerte que espera sin dar un paso, sin actuar. Pero, ¿qué es la Tauromaquia? La Tauromaquia no es otra cosa que un conjunto de millones de personas adeptas a una actividad de siglos, legislada por un Gobierno legítimo como Patrimonio Cultural de los Españoles y, por ende, amparada por la Constitución en sus capítulos referentes a la Cultura y a los Derechos Fundamentales del individuo. Eso es la Tauromaquia.

Pero se nos olvidó lo que es. Se nos olvidó de tal forma que este Patrimonio Cultural para el que la ley que exige a las administraciones su tutela, amparo y fomento en todo el territorio nacional, se ha convertido en pieza de caza, de disparo en la frente, de ejecución sumarísima en sus derechos legales. Ya nos comimos el sapo de la prohibición de Cataluña, cuestión inconstitucional que quedará refrendada con una sentencia que está secuestrada adrede por los poderes políticos como en la peor de las repúblicas bananeras de este mundo. Ahora, una nueva clase política, a la que la ley le concede sólo el derecho de gestionar la tauromaquia en su localidad o comunidad, la prohíbe, la pretende erradicar, sin que nadie sea capaz de acercarse a los tribunales de justicia acusándoles de prevaricar contra el toreo, pues prevaricar es legislar para prohibir, a sabiendas  de que incumplen sus obligaciones legales y constitucionales de fomento de este Patrimonio.

Este abuso de poder, este despotismo, este revanchismo sin saber el por qué de esta revancha,  esta caza y captura de la Tauromaquia, es lo que hemos permitido con las manos en los bolsillos, vacíos por cierto. Esta dejación de gobiernos nacionales, autonómicos y locales es lo que hemos permitido. Basta un ejemplo: en los tres Presupuestos Generales del Estado en los que, por texto legal escrito y específico, la Tauromaquia tenía que haber tenido su partida, no se ha detallado ni un sólo euro. Ni uno. Síntoma grave y cierto de que somos un grupo millonario en número, pero insignificante en pegada social. Somos nosotros los que hemos dejado, una y otra vez, que el asalto al toreo se lleve de forma impune, a la luz del día. Pero que quede claro que en este “todos”, empresas, ganaderos y toreros se llevan la palma de la mácula. De ellos es el rédito, de ellos la historia, de ellos el devenir de la tauromaquia, que no se sabe ya si nos la merecemos.

De tanto pesebrismo para con el político, estos tres gremios han permitido dos cosas. Una, la ruina del toreo a través de la admisión de pliegos de condiciones ruinosos del que siempre fue ganador la propiedad de la plaza, la Diputación y el Ayuntamiento, que se han embolsado, desde 1998 hasta 2006, el 35% de la facturación anual, sin contar con la aportación millonaria del IVA. Todo esto mientras los violentos y cazadores de la tauromaquia, asociaciones animalistas subvencionadas y partidos políticos contrarios, han difundido a la sociedad dos mensajes que han calado: que nos subvencionan y que somos unos bárbaros crueles y anacrónicos. Eso han logrado los taurinos citados por plegarse al político creyendo que éste, dado el caso, iba a salir al rescate del toreo. Aquí nadie nos rescata. Sólo la ley y la justicia.

No hemos aprendido a defendernos porque hemos vivido con la aceptación de ciudadanos de segunda. No hemos aprendido porque toreros, ganaderos y empresarios, en lealtad con los hechos, carecen de capacidad, de preparación y de talento para otra cosa que no sea producir tauromaquia. Algo lógico. Pero no es lógico que no se hayan sabido rodear de gentes capaces, talentosas. No sólo no han sabido sino que han dado la espalda tantas veces a quienes, como nosotros, hemos tratado de focalizar y reconducir las acciones hacia la meta más urgente: recuperar nuestros derechos legales y constitucionales, nuestras libertades. No hay otro camino, porque ese ha sido, es y será el primer camino a seguir por un ciudadano de este país. Sea del lado de la tauromaquia o no. La ley. El derecho. Ésa es nuestra exigencia no exigida.

Este medio colecciona querellas. Desde nuestra investigación sobre el interés nada matizado de Leonardo Anselmi en la prohibición de Barcelona, somos objetivo preferente de asociaciones animalistas. Eso es lógico. Lo que no es coherente es que los tres gremios citados no coleccionen demandas. En contra de los que violan las leyes. Eso es, ajustando calificativos a la descripción más objetiva, incapacidad, falta de talento, ausencia de voluntad, dejación de la tauromaquia. En el fondo, lo saben. Saben que han dejado a la ‘sociedad civil del toreo’, al público y al aficionado, indefenso y a los pies de los caballos. Saben que cada llamada de unidad ha sido estéril por la sencilla razón de que el toreo necesita ejemplos de lucha, y  de victorias. En los tribunales. Porque la libertad, los derechos individuales, los derechos constitucionales, los derechos de creatividad, de libre elección, la libertad de empresa, la de prensa, la de formación de los hijos, el derecho al honor… se exigen en los tribunales de justicia. Sólo ahí. No en un partido político.

Este medio que, sin mirarse el ombligo, puede afirmar que es el más visto y leído de todos los especializados, no desea medalla alguna. Pesan y se convierten en trastos inservibles. Tampoco espera un cambio de análisis de la sociedad y en la problemática de la gente del toro. Es curioso como, ahora, algunos de los citados se han puesto en la situación de estupendos respecto a sus derechos. Pero no es hora de cartas o misivas, es hora de rascarse el bolsillo, contratar a los mejores y hacer un plan urgente de acción jurídica que estudie plaza a plaza atacadas, que estudie cada insulto, cada agresión, cada delito cometido, y se denuncie y se condene al que lo comete. Es hora de eso. Es tan tarde que ya es hora de eso, del derecho.

Pero no se trata ahora de acciones individuales, más o menos ocurrentes o recurrentes, sino de la urgencia de un gabinete de crisis que gestione esa urgencia. Un gabinete que contrate a quien analice y prepare una estrategia que ponga fin a la impunidad. Que, por ejemplo, no permita que un partido prometa la prohibición de la Tauromaquia siendo ésta un derecho legal de millones de ciudadanos. O que la policía varíe su protocolo de seguridad en las plazas. O que quien agreda e insulte sea condenado. Este medio pide eso al sector, si es que existe. La creación de un gabinete de crisis urgente hacia el derecho.

Porque los públicos de toros y aficionados ya están unidos. Ya dan la cara. Hemos aprendido y hemos comprobado gratamente, en este viaje casi en solitario de denuncia y voz alzada, que aficionados que no comparten nuestros criterios taurinos nos animan y apoyan en estas peticiones y exigencias de sus derechos, de los nuestros, de los derechos de la Tauromaquia. Porque, terminamos como comenzamos, la tauromaquia no es otra cosa que el ejercicio de un derecho de libertad y legalidad compartido por millones de españoles. La tauromaquia somos todos. Cada ciudadano, incluso el que no la comparta, ha de observarla y respetarla. Así lo exige la ley. Así lo ampara nuestra Constitución.

 

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