Vídeo de la gran tarde de Ginés Marín en Santander I I. DEL PRADO linea-punteada-firma1

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No tuvo fijeza el castaño tercero, largo, bajo y cornidelantero, al que Ginés Marín saludó con una larga cambiada en el tercio. Salió suelto y no tuvo continuidad el saludo, pues tuvo que terminar recogiendo tras pegarse dos vueltas al anillo en los medios. Buenas verónicas, aunque deslavazadas, pese a todo. Siguió saliendo suelto durante su lidia. Manseando cada vez más. Se atrincheró junto a toriles en banderillas. Brindó al público Ginés y se echó de rodillas junto a las dos rayas para comenzar a torear en redondo.

Largo, templado, corriendo la mano, para después ligarle un molinete y el de pecho. Excelente. Continuó toreando ya en pie sobre la diestra, pero la tarea tuvo miga, porque el de Domingo Hernández, único con el otro hierro de la casa de la tarde, no paró quieto. Muy manso y desentendido. Logró, pese a ello, Ginés retenerlo en la muleta y tragó lo suyo -miradas y parones a mitad del viaje- para ligarle las tandas siempre al abrigo de las tablas. Incluso le marcó la cornada dos veces en el tramo final, con el toro ya más reservón al sentirse podido. Final por manoletinas, que mantuvo el interés, antes de una estocada de certero efecto que puso en su mano un trofeo.

Cerró plaza otro salpicado, más suelto de carnes que sus hermanos y que abría más la cara. Astifino desde la mazorca. Lo saludó a la verónica con bríos, Ginés, ganando terreno en cada lance. Un lienzo cada una de ellas. Cumplió como trámite en los dos primeros tercios y el extremeño, directo, le puso la franela con la zurda. Buenos naturales barriendo la arena rojiza montañesa. Fueron tandas cortas, sin presionar al toro en exceso.

A fuego lento lo fue haciendo, porque el toro corroboró que le tocó el peor lote de la tarde. Sin entrega y a menos, duró poco y Ginés tuvo que fajarse para poder arrancarle la segunda oreja de su tarde. La mecha prendió realmente en una tanda de tres circulares invertidos en un palmo. El tercero de ellos, infinito, tras prolongarlo con el cambio de mano. Otra tanda más, metido literalmente entre los pitones del burel y el epílogo por bernadinas. Milimétricas. Cuadró al toro y enterró el acero en el sitio, pero tardó en doblar y, quizás, por ello, el doble premio, quedó un trofeo para salir en hombros con sus compañeros.