icono-sumario ‘¿Cómo es posible que estemos asistiendo a un bombardeo mediático sobre un ataque a la libertad de expresión respecto a los titiriteros de ETA en Madrid y apenas hiciera ruido la censura fascista de Colau con la foto Dalí/Morante, prohibida en Barcelona?’

icono-sumario ‘Están violando derechos de individuos, de personas, de seres humanos. ¿Cómo es posible escuchar que nada o poco se puede hacer? ¿Cómo es posible que no se haga nada…?’

icono-sumario ‘A la sociedad española, a la gente, se le hace ya común y hasta lógico que se agreda y se persiga a la Tauromaquia. Sale gratis. Se hace hábito. Y cuando se hace hábito, ya no hay persecución, sino tendencia natural: es normal que la Tauromaquia desaparezca’

dentro-stopHipocresía de mala calidad I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

 

 

C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

La hipocresía es un arte oscuro. Es una bomba social, un gen regresivo. Admiro en parte al hipócrita letrado. Sucede que cuando la hipocresía es de muy mala calidad, como diría Bertolt Brecht, suena la hora de decir la verdad más descarnada. Podemos, Colau y demás gentes nuevas en el podio del poder, nos son admirables ni en el ejercicio de su hipocresía. La fabrican de muy mala calidad. Es una hipocresía inculta, iletrada, basta y burda. Entonces, llega el momento de decir la verdad. El momento de la acción. Concreto: ¿cómo es posible que estemos asistiendo a un bombardeo mediático sobre un ataque a la libertad de expresión respecto a los titiriteros de ETA en Madrid y apenas hiciera ruido la censura fascista de Colau con la foto Dalí/Morante, prohibida en Barcelona?

La respuesta es que es posible porque nosotros permitimos esa posibilidad. Es nuestra actitud ante el atropello de nuestros derechos, lo que posibilita el éxito de la infamia. Porque no se trata de que la Tauromaquia sea o deje de ser una u otra cosa. No. Se trata de lo que nosotros seamos o dejemos de ser. Ciudadanos libres para exigir nuestros derechos o no serlo. La Tauromaquia la hacen los hombres y las mujeres. Dejemos ya de escondernos en una persecución a terceros (el toreo) para decir que poco podemos hacer, y hagamos frente de una vez a esta persecución en primera persona. Están violando derechos de individuos, de personas, de seres humanos. ¿Cómo es posible escuchar que nada o poco se puede hacer? ¿Cómo es posible que no se haga nada…?

¿Cómo es posible que, primero con la foto ganadora del World Press de Padilla y luego con la de Dalí/Morante, no se hayan iniciado acciones judiciales contra Colau y sus huestes por censura y ataque a la libertad de expresión, a la libertad de creación, de exposición? El público, el aficionado, el ciudadano de toros, espera esa acción. O al menos, una respuesta de por qué no se hace nada. ¿Acaso no nos damos cuenta de que, cada vez que nos violan un derecho, el español medio cree que no tenemos derecho a ellos? No nos hemos dado cuenta de que a la sociedad española, a la gente, se le hace ya común y hasta lógico que se agreda y se persiga a la Tauromaquia. Sale gratis. Se hace hábito. Y cuando se hace hábito, ya no hay persecución, sino tendencia natural: es normal que la Tauromaquia desaparezca.

Digamos la verdad a las gentes que nos sostienen, los que pagan las entradas en taquilla. Así de claro: no lo hacemos porque, en primer lugar, no hay recursos económicos. Dinero hay, pero no se recauda para la Fundación. Pero se silencia. Hay silencio porque en el fondo hay miedo. No se a qué, pero hay miedo. Quizá a no lograr recursos. Pero yo creo que es tiempo de retratarse. De no ocultar nada. Tempo de decirle a los que sostienen esto, a los públicos de toros, qué es lo que está sucediendo.

Afirmó ayer Carlos Nuñez que tienen el mandato de la Fundación para hacer todo lo posible en el asunto de Baleares. Yo, cuando mando a un mandado, al mandado le doy dinero para pagar lo mandado. Respecto al carbón, ahí estamos todos. ‘Mientras nos quede carbón, ahí vamos a estar…’. Pero… Un día escribí que nadie escribe ya cartas de amor con la pluma de un pájaro. No era una ocurrencia, era como reconocimiento de mi fuera de juego social. Le sucede lo mismo al carbón. ¿Quién usa, hoy, carbón, para mover los trenes…?