C.R.V.

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Son necesarios cuarenta músculos para arrugar la frente. Sólo quince para sonreír. Me pregunto entonces, por qué nunca cesa la ira y el desencuentro en esta estrecha parcela que es el toreo, tan minúscula dentro de  la gran finca del mundo. Cuarenta derroches, quince avaricias.  A veces, viendo tanta decadencia del  talento,  creo que nos hemos propuesto vivir siempre en ese trato de asesinos crónicos que consiste en pasar la vida matando el tiempo, siendo el tiempo quien termina por matarnos.Pasarla usando los cuarenta músculos que usamos para matar el tiempo entre pleitos, riñas, desacuerdos, negatividad y uso perverso e interesado de la palabra toreo, sin darnos cuenta de que es el tiempo el que nos mata. Porque nos sobrepasa. Con  él se está yendo esta sociedad de vértigo sin contar con nosotros.

Es casi Navidad y muestro bandera blanca, símbolo de una tregua donde no se haga, diga, hable, pacte el toreo, con los cuarenta músculos de la ira. Para pedir sólo una cosa: que nadie use en su nombre el nombre del toreo. Y que todos respondan porqué están aquí, en esta parcela tan chiquita del Mundo. Yo aporto mi razón, la causa de mi estancia: he comprobado que en esta Tierra no existe nada capaz de alegrar la melancolía, de  entristecer al alegre, de dar valor al cobarde, de hacer de un valiente un cobarde, de dar grandeza al humilde, de agigantar al más pequeño, de hacer de un pobre el más rico… y de debilitar el rencor,  como  el toreo. Por eso estoy. Por y en  ese espacio que el hombre creó para no matar al  tiempo. Y para que el tiempo no le mate a él.  Aquello que buscó Aquilesy que lo situó al lado de los dioses.

El hombre no puede aportar otra cosa para colocarla a esa altura. Bueno. Quizá su posibilidad de amar .  Amar y torear son los espacios que el hombre creó para pactar con el tiempo que ninguno de los dos iba a matar al otro. Pactar que convivirían siglo tras siglo, generación tras generación. Y así ha sido, pues el espacio del toreo en la historia ha sido respetado por el paso de los tiempos . Por eso el toreo no es propiedad de nadie, ni de una generación, de un sector, ni de un lado, ni de una razón, ni de un argumento. El toreo no es propiedad, incluso, del argumento más justo frente a lo ingrato. De nadie.

Nuestra lealtad, la de todos, es nuestra obligación de sobrevivir, de seguir, de evolucionar, de crecer, de seguir al lado de las sociedades que son hombres y mujeres. De sobrevivir no sólo para sobrevivir nosotros, yo, tú, aquel, este año, una década, mi ganadería, tu carrera, su empresa, mi plaza. Nuestra obligación única es la lealtad para con ese cosmos de años, extenso y vasto, que nació en el primer capote y el primer becerro que el hombre afinó sensible desde aquella barbarie  que nos originó, hasta esta tauromaquia de artes sensibles.Que no puede detenerse ahora.

Que no nos pertenece. Que no es mía, tuya,  de aquel. Que  sólo somos las generaciones de carteros que la llevan hacia las siguientes que están por nacer, para entregársela  en mano, más sensible cada vez, más sana, más cierta.Y ¿quién entrega nada sensible usando los cuarenta músculos que empleamos para arrugar la frente de ira, de frentismo, de cainismo? Golda Meir, la dirigente judía más importante de la historia,  luego de Jesús de Nazaré, dijo respecto al uso mutuo de los cuarenta músculos entre árabes y judíos: ‘ Podemos perdonar a los árabes por  haber matado a nuestros hijos. Pero nunca le vamos a perdonar el hacernos matar a los suyos’.

Las siguientes generaciones nos podrán perdonar por haber lapidado la tauromaquia en el uso y disfrute de los cuarenta músculos que usamos para preparar el gesto de frentismo . Somos nosotros los que no nos vamos a conceder ese perdón. Somos nosotros los que estamos a tiempo de decidir si usando sólo los quince músculos de una sonrisa terminamos con el uso perverso de la palabra toreo, cuando suena para decir que es nuestro. Sin ser de nadie. Y de todos.

Feliz Navidad.

IMAGEN EXTERIOR:antonio-elvira.blogspot.com

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