Maximino y su equipo recomponen el ruedo tras la tormenta I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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No hay temporadas suficientes y sanjulianes posibles para que Cuenca agradezca a Maximino el resurgir, el crecimiento y el auge de una feria que irá para siempre ligada a su nombre. Imaginación, valentía, pero por encima de todo, trabajo. Esfuerzo y sacrificio para que lo que un día se plasmó en un borrador se llevase a cabo y saliera tal cual se soñó. ¿Hacemos un repaso rápido? El Pana, Cristina Sánchez, Jesulín, aquellas ferias de la Champions con todas las figuras, incluso El Juli y Ponce con santacolomas… hasta José Tomás se dejó ver en la ciudad de las Casas Colgantes durante esta Era Maximino, que ya va para tres décadas.

Viene esto a colación porque no es de recibo el trato que sus ‘paisanos’ (sí, porque Maximino tiene casa y hace vida social en Cuenca) dispensaron este martes a su empresario a cuenta de un festejo celebrado de modo milagroso. Porque la tromba de agua que descargó sobre Cuenca fue de tales proporciones que hay quien asegura que vio a Noé y a su arca en las inmediaciones de la Ciudad Encantada. ¿Qué hizo el empresario en lugar de suspender y cobrar los 60.000€ en los que tenía asegurado el espectáculo? Trabajar. Quitar barro y echar serrín, para que, una hora después, quien lo diría, pudiera arrancar el festejo.

El público, una parte, es cierto, pero una parte muy ruidosa, ante el silencio de la mayoría, no sólo no reconoció el detalle de querer echar para delante la corrida de toros, sino que tachó a Maximino de jeta y de trincón ¿? y lo increpó de modo tan injusto como hostil, cuando, lo conveniente para su bolsillo hubiera sido, en vez de empeñarse en dar el festejo y ponerse de barro hasta las orejas, coger los 60.000 y hasta mañana si Dios quiere. Nos gustaría saber cuanto le quedó después de liquidar a la terna y al ganadero (que por cierto depararon un espectáculo bien brillante), pero seguro que no se aproximó ni de lejos a la cifra que tenía asegurada colgando el cartel de la suspensión.

Dice el refrán que de bien nacidos es ser agradecidos. Señores conquenses: están ustedes en deuda con su empresario.
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