Por MÓNICA ALAEJOS
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Se ha presentado en Madrid el proyecto de creación de la Academia de las Artes y Cultura de la Tauromaquia. Un trabajo de fin de título de Experto Universitario en Dirección de Empresas y Actividades Taurinas, que nació en la Universidad de Salamanca, en colaboración con el CEU de Valladolid, para llenar el espacio vacío que en este ámbito formativo existe en nuestro entorno. La Universidad ha sido siempre el germen teórico y científico de cualquier realidad, ya sea social o de laboratorio y no nos cabe duda de que la fiesta de los toros debería ser objeto de estudio de los científicos sociales.

Pero además, la Tauromaquia no es una foto fija que se analiza y de la que se extraen conclusiones estáticas. La Tauromaquia evoluciona a la par del contexto histórico, social, económico y cultural en el que está inmersa y por tanto, los cambios que sufre y las necesidades de adaptación a dichos cambios deben ser detectados para producir una transición a ellos desde el conocimiento y la experiencia de la investigación. Hay que demostrar que la fiesta de los toros es una industria cultural y como tal debe ser abordada por expertos.

Economistas, sociólogos, veterinarios, Ingenieros, abogados… muchas son las perspectivas desde la que puede ser descrita y afrontada de una manera interdisciplinar para llegar a un fin común, la investigación para el desarrollo. Es ahí donde juega un papel fundamental la Universidad y la necesidad de establecer una red de trabajo entre docentes e investigadores universitarios que estamos trabajando temas vinculados a la Tauromaquia. Es ahí donde debemos reivindicarnos como pilar básico en el devenir de la fiesta y la creación de la Academia es una oportunidad única para el sector. No podemos dejar que la Tauromaquia funcione por inercia, es necesario profesionalizarla para estar a la altura del resto de industrias culturales de nuestro país, que por tradición o por consideración son tratadas por las administraciones públicas y por sus clientes como tales.

Dice el profesor Sierra que ‘toda frontera es una herida, una marca. No se trata sólo de una línea divisoria, sino sobre todo de una señal, de un lugar de comunicación o abertura que nos recuerda y distingue quiénes somos y quiénes podríamos llegar a ser.’Sus palabras me sirven para concluir que todo esto no es retórica sobre las líneas de actuación, es sólo una llamada de atención para decir que realmente hay gente preparada para afrontar el cambio pero nos falta decidir la dirección y el capitán de la nave. El trabajo de Verdeguer y Moreno nos lo está poniendo en bandeja.

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