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(Je suis Charlie en français sur ce lien)

Tres asesinos islamistas radicales han asesinado a tiros en Parísa diez periodistas y dos policías y han herido de gravedad a una decena. El atentado terrorista, siempre cobarde, cruel en grado máximo, se criminaliza aún más y se hace aún más repugnante cuando las balas se dirigen contra la palabra que expresa una libertad de pensamiento. Un duelo desigual del que, indudablemente, siempre salió vencedor la palabra. Por esa victoria los hombres y las mujeres son más libres.

Que en el siglo XXI haya supuestos seres humanos que maten a otros seres humanos por usar la palabra, en este caso, la caricatura o el dibujo, para expresar su opinión, es un síntoma de deshumanización terrible. Un fracaso de las balas. Los periodistas de ‘Charlie Hebdo’ eran culpables de pensar y manifestar su pensamiento. Muchas veces se expresaron muy contrarios a la tauromaquia y de forma muy satírica. Discrepar de forma tan contundente con quienes se manifiestan en contra de lo que consideramos nuestra libertad, no nos concede el derecho a desear que desaparezcan. Que no existan. Que no escriban. Que no piensen de forma distinta.

Porque desear que no se expresen es tanto como tratar de callar palabras que no nos gusta oír. Ocho años de amenazas del extremismo islamista contra ‘Charlie Hebdo’, han concluido con una masacre vil y cobarde. Todos los días mueren de forma violenta y cruel seres humanos en nombre de una idea, de un Dios, de una verdad única e implacable. En el día a día nos debemos obligar a reflexionar sobre varios aspectos de la libertad de palabra y pensamiento.

Que la evolución del hombre nace en esa discrepancia. Que el periodismo es una profesión que ha de defender esa discrepancia. Que el respeto incluso a lo que no nos agrada es la demostración más saludable de nuestros ideales y princìpios y que no tenemos derecho a usar ningún tipo de violencia para defender nuestra libertad. La violencia trata de inculcarnos el miedo que nos impida expresarnos. Los 12 muertos desestimaron tenerlo y seguir dibujando.

Las gentes de la tauromaquia somos, en otra escala, víctimas diarias de la violencia y del miedo y de las agresiones. Eso no ha logrado detener al toreo. Los disparos no van a terminar con el periodismo. Porque las balas sólo conjugan a la perfección el verbo deshumanizar y el periodismo es la profesión por y para todos los seres humanos.

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