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Madrid (España).En Lima hay un problema. Y es el toro. Nuestro compañero Manuel González, de AficiónPerú, llama la atención sobre ello en su última crónica de Acho: las cosas se dejan para el último momento, y la prisa nunca aconseja bien. Una mala gestión empresarial en el apartado ganadero, sumada a exigencias burocráticas absurdas, está afectando a lo más importante de un festejo: su contenido. La corrida de ayer, con un cartel de altísimo nivel e íntegramente español, es la demostración palmaria: seis toros, una oreja.

Ninguna plaza, y una de la categoría de Acho menos, debe ser tratada como el corral de intereses en el que dar salida a lo que sobra. Hay que elegir el toro y hay que elegirlo con ajuste a la categoría de la plaza. No sólo por ética profesional, sino también por inteligencia económica: la afición limeña responde. Es verdad que el cartel de ayer debería ser de lleno asegurado, pero hubo tres cuartos, y eso con frío y con crisis. Si la reflexión no se ve acompañada de una corrección en la manera de hacer las cosas, es muy probable que el público se quede en su casa.

De hecho, el público ya está haciendo eso: quedarse en casa. Por eso, la reflexión de Lima no es válida sólo para Lima. El toreo tiene un problema de públicos y es urgente solucionarlo. Miremos a La México de ayer noche. Se comprobó que los toreros mexicanos son un valor al alza: tres jóvenes y un buen agarrón. Adame, que hace unos días habló aquí de una ‘nueva edad de oro’, parece empeñado en materializarla a toda costa. Además, había algo más de tres cuartos…

¿Buena entrada? Para los tiempos que corren sí, un éxito. Pero no caigamos en la autocomplacencia y el conformismo: meter 12.000, 15.000, 20.000 personas es un triunfo del hoy, pero no es un triunfo del siempre. Hace diez años, La México se llenaba y debe volver a llenarse. En eso tiene la responsabilidad, de nuevo, una empresa en flagrante dejación de funciones. En la respuesta positiva que la afición mexicana dio ayer a la cita con su presente y su futuro, fue clave el trabajo mediático de los apoderados de los toreros: Casa Torerosy Alejandro Silveti. La empresa de La México, una vez más, no hizo nada y su inacción fue más escandalosa aún por el contraste con una campaña mediática que puso a los toreros en las televisiones y en las radios mexicanas y en todos los medios de comunicación, taurinos y algunos que no.

A la Fiesta, también en esa América que algunos ven equivocadamente a salvo de problemas, le va el futuro en la reflexión sobre lo que se hace mal y en la acción para corregirlo.

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