Ventura, su Puerta Grande 12+1 I CANAL TOROSlinea-punteada-firma1

 

JOSÉ MIGUEL ARRUEGO > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Ventura fue el primero en reventar el cerrojo. Primera Puerta Grande de San Isidro y la 12+1 de su carrera en esta plaza. Las habrá habido más rotundas, con más trofeos, incluso puede que más unánimes. Pero ¿alguna con más mérito que ésta última? Porque aunque el segundo, el de más calidad de un envío desesperadamente manso, le dejó enseñar su toreo de pureza y compromiso, las complicaciones del quinto pusieron a prueba su maestría y recursos. Pocas veces se ha visto un arrimón a caballo con tanta verdad y tanto riesgo. Porque Ventura echó literalmente las cabalgaduras encima del ‘murube’ de Los Espartales para amarrar la Puerta Grande. Pero fue un alarde consciente, no arrebatado. Y siempre con la sana intención de torear.

Un alarde de valor, al más puro estilo Ojeda (el Ojeda de a pie) pero a lomos de Sueño. En el terreno del toro, provocando mucho a su enemigo, incluso hasta dejarse tropezar la cabalgadura, su verdad llegó al publico, y por eso, la salida en hombros tuvo importancia y argumento. La que da la emoción, que es la cualidad que, de una forma y otra, buscan transmitir todos los que se juegan la vida en una plaza de toros. El resto del festejo no tuvo más argumento que la actitud y el compromiso de Andy Cartagena y Leonardo Hernández con una corrida que tuvo todos los defectos del descastamiento: Falta de celo, de ritmo y de transmisión. Y una constatación más que no sólo del encaste Murube deben vivir los festejos de rejones. ¿Un consejo? Miren el elenco ganadero de Campo Pequeno.

El segundo, pese a que le faltó un punto de transmisión, fue el toro de la corrida, porque tuvo calidad, más alegría y mejor tranco. Ventura lo fijó de salida con Lambrusco y formó la mundial a lomos de Nazarí por el modo de templar galopando de costado el tranco del animal de Los Espartales. Hasta dos vueltas al ruedo dio el de La Puebla con el toro cosido a la grupa del equino. Y la gente loca. Se fue al pitón contrario con éste, dejándose venir al toro de lejos, y luego con Fino, con el que volvió a enloquecer al público con las ceñidas piruetas entre los pitones después de la reunión. Hubo pues pureza y emoción en los embroques antes de su remate con el rejón de muerte a la segunda tentativa.

La faena del quinto es de las más arriesgadas que se recuerdan en un festejo de rejones de San Isidro porque el toro, muy aquerenciado en las tablas, sin ritmo ni celo, incluso derrotando en los embroques, no colaboró con Ventura y el sevillano se las tuvo que ingeniar para llegar al tendido. Lo hizo a base de riesgo, porque los recortes con la grupa a modo de trincherazo montando a Sueño fueron milimétricos. Y el público palpó el peligro. Todo un ‘arrimón’, exponiendo y arriesgando las cabalgaduras, porque no había otro modo de meter a la gente en la obra. Redondeó con Chalana, y con Remate, también a la segunda tentativa amarró la primera Puerta Grande de San Isidro.

Le faltó celo y raza al primero pese a su nobleza. Andy Cartagena concentró al atención del público en el tercio de banderillas con el espectacular Picasso, su caballo de raza Appaloosa, con el que templó al toro de costado y banderilleó con vistosidad. Remató su actuación con Jinocente, con el que colocó banderillas (largas y cortas) al violín. El toro no ayudó con el rejón de muerte y el alicantino pinchó una faena en la que él puso más que su descastado contrincante.

Siguiendo la tónica de la corrida, al cuarto le faltó fondo y chispa. También tuvo que luchar Andy con esa conducta del toro, tan contraproducente para llegar al tendido. Lo más torero lo hizo a lomos de Iluso y lo más espectacular montando a Luminoso, con el que se puso de manos y recorrió de esta guisa la mitad del ruedo. Que ese fuera el momento más emocionante de la actuación dice muy poco a favor del astado y mucho del empeño del de Benidorm, que incluso tiró sin puntilla al animal con Pinta, el otro Appaloosa de su cuadra.

El tercero fue un manso perdido, que huyó hasta de su sombra, incluso saltó al callejón ya con el rejón de castigo puesto. Leonardo tuvo el mérito de meter al público en la faena en un tercio de banderillas de mucha exposición que finalizó con Xarope. Pero la desrazada condición del toro fue un complicado hándicap para que la obra del torero de dinastía desembocara en triunfo.

El sexto fue otro toro que no quiso pelea, se vino al paso, sin tranquear nunca tras la cabalgadura, incluso buscó las tablas después de cada reunión. Leonardo volvió a poner todo de su parte, incluso se inventó un par a dos manos de mucha pureza en su ejecución. Una pena que el rejonazo trasero desmereciera su sincero esfuerzo y su compromiso durante toda la tarde.

Hierro de Los Espartales - España Plaza de toros de Las Ventas. Décima de la Feria de San Isidro. No hay billetes. Toros de Los Espartales, mansos, descastados y deslucidos. El segundo fue el de más calidad y el quinto, el de más complicaciones. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Andy Cartagena, silencio y ovación
Diego Ventura, oreja y oreja
Leonardo Hernández, ovación y silencio