icono-sumario Indulto de un Cuvillo, vuelta a un gran toro de Juan Pedro

icono-sumario Ponce se cambió de vestimenta al término del cuarto

Vídeo del indulto de Ponce a Esparraguero en Istres I MICA CRESSENTYlinea-punteada-firma1

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Se imaginó algo especial y quizás ni en sus mejores deseos alcanzase la magnitud de su logro en Istres. Enrique Ponce firmó una tarde para la historia en su encerrona en el coso francés. Hubo toreo, mucho, tanto como emoción en los tendidos. Se asomaron las lágrimas al tiempo que el maestro de Chiva bordaba el toreo. Y todo, revestido de un ambiente especial. Desde la música que enriqueció las faenas al cambio de vestimenta por un esmoquin. Con tanto ‘artificio’, lo importante fue, no obstante, la inmensidad de matices artísticos y técnicos que surgieron en las seis faenas de Ponce.

Indultó a un toro excelente de Núñez del Cuvillo ‘Esparraguero’, cuajó y le cortó el rabo a otro soberbio de Juan Pedro Domecq, ‘Navegante’, de vuelta al ruedo y aún supo y pudo pasear un trofeo de cada astado restante. Ocho orejas, dos rabos -uno simbólico- y un puñado amplísimo de momentos para el recuerdo de los presentes y del propio protagonista. Inolvidable.

El primer acta de la encerrona del maestro Enrique Ponce estuvo a la altura de su dimensión: extraordinaria. Cuajó de principio a fin a un muy buen toro de Juan Pedro Domecq. Aunque el aire quiso meterse en el partido, no pudo con el maestro, que dibujó auténticos muletazos dignos de carteles de toros. Clase, toreria, temple… Lo único que no pudo dominar fue la frialdad del público que tan solo pidió una oreja cuando fue una de las mejores faena de la feria… pero más adelante tendrían que llegar otras mejores.

Otra oreja paseó Ponce del segundo animal de Núñez del Cuvillo, un animal que apuntó maneras de mansito al principio, pero al que el maestro arregló en cuatro doblones. De allí hasta el final fue todo placer y buen gusto, poniendo al público en pie en un par de tandas de derechazos de categoría.

Parecía verse el techo de la cátedra taurina de Ponce y solo era un espejismo… Más de veinticinco años en la cima del toreo y podrá quedarse otros veinticinco sin que se vea el límite de su toreo. Cuajó otro toro buenísimo de Juan Pedro. Faltan las palabras para contar lo que se vivió en el coso del Palio… Temple, torería, sabiduría, regusto… En resumen un Ponce magistral acompañado por la música de la película ‘1492’ con el coro… Qué mejor música que esa del descubrimiento de las Américas para descubrir una vez más el universo de Ponce. Dos orejas y rabo y vuelta al ruedo al toro de Juan Pedro, de nota.

Cuando salió ‘Esparraguero’ de Núñez del Cuvillo al ruedo, aún había gente conmocionada por lo vivido en el toro anterior… y aún iban a vivir mayores sensaciones en el cuarto. Desde el principio apuntó buenas maneras el toro y ya se sabe que una figura consagrada como es Ponce no deja escapar a esos animales. Embistió con codicia y clase el astado y el maestro valenciano firmó una obra mayor. Ligazón, cuerpo relajado, manos bajas…. Dos tandas de poncinas enloquecieron a los tendidos y ya se oyeron los primeros gritos de ‘indulto’. ‘Don Enrique’, con tantos indultos a su activo, persiguió con otras tandas con la espada de muerte en la mano hasta que el presidente sacó el pañuelo naranja. Tembló el coso del Palio a gritos de ‘Torero, torero’ mientras el extraordinario Cuvillo regresó los chiqueros. Dos orejas y rabo simbólico para el torero.

Vestido de esmoquin a la manera de un jefe de orquesta, Ponce siguió su sinfonía frente al quinto de Juan Pedro. Un noble animal al que Ponce toreó con precisión. Precisó los toques, precisó el sitio, precisó la cadencia de los muletazos… Cómo no, le acompañó una de sus melodías favoritas, ‘L’aigle noir’ de Bárbara. Lo mató de manera efectiva y cortó otro apéndice.

La fiesta finalizó con otro premio. Cerró plaza un ejemplar de Cuvillo manejable pero que se vino abajo. Aun así Ponce quiso regalar al público francés otra faena y ligó las tandas dejándole siempre la muleta al astado en el hocico dando dos vueltas enteras a su cuerpo. Por el pitón izquierdo bajó la intensidad y por eso volvió pronto a la diestra. Lo mató de otro espadazo de efecto rápido y obtuvo así una oreja, la última.

Hierro de Juan Pedro Domecq - España Plaza de toros de Istres. Última de la feria. Lleno. Toros de Juan Pedro Domecq (1º, 3º, de vuelta al ruedo ‘Navegante’ y 5º) y Núñez del Cuvillo (2º, 4º, ‘Esparraguero’, negro, nº 20 y de 01/2011, indultado y 6º). Hierro de Núñez del Cuvillo - España
Enrique Ponce, en solitario, oreja, oreja, dos orejas y rabo, dos orejas y rabo simbólico, oreja y oreja.