Se anuncia una nueva reunión dentro del sector taurino. Hace la número enésima. Esta  reunión enésima forma parte de un historial escasamente brillante de un sector que lleva varias décadas de retraso en su estructura y manejo respecto a cualquier otro sector de ocio y cultura de España. Este retraso ha convertido a la fiesta de toros en un espectáculo débil en dos vertientes esenciales. La económica y la política. Económicamente la pérdida de beneficios y la falta de generación de riqueza la está convirtiendo en un espectáculo que depende, casi en su absoluto, de lo que las distintas administraciones públicas hagan con ella. En el toreo de este siglo moderno y novísimo no manda nadie, excepto las administraciones a través de dos vías. Una, los pliegos de condiciones para concursar a las plazas; otra, el abandono del toreo como actividad no clasificada. ¿Qué es el toreo? El poder político no ha contestado aún.

Falta saber qué quiere el toreo, el sector. Falta saber si de una vez por todas se va a poner a trabajar con el objetivo común que les une a todos. No son desconocidos. La exigencia a los gobiernos, el del Estado y de las Autonomías, para que definan de una vez por todas qué es el toreo desde el punto de vista institucional y legal. Qué es y que, lo que decidan que sea, lo sea en toda España. Porque sólo definiendo lo que somos, por ley y por derecho, podremos plantear qué estructura  necesitamos, los pasos a seguir para avanzar en el futuro. Históricamente los sectores taurinos han empezado las cosas o por arriba o por la mitad. El primer paso es decir qué es La Fiesta para que un trabajador, un consumidor, un empresario, un ganadero, un torero, pueda elaborar estrategias de futuro.

Qué es y qué queremos ser. Exigir una definición institucional y legal sin complejos. Acudir a los Tribunales de Justicia, que para eso están. Y, casi al mismo tiempo, qué no queremos ser: un espectáculo regulado y, maniatado económicamente por las administraciones  públicas. No hay riqueza en un sector que aún no tiene una sola medida contra la crisis. Y si no se genera riqueza, ni ha fortaleza ni posibilidad de reparto. Solo manejo de pobres y fracasados. La vía está despejada, con argumentos jurídicos que este medio lleva indicando con mayor o menor acierto, hacia Cultura. A partir de ahí, el sector se tiene que estructurar y profesionalizar en modelos de gestión y laborales adecuados al siglo XXI. Elaborar sus propias normas, arbitrios, sus reglas de juego. Con una meta: dar el mejor y mas integro de los espectáculos, y hacerlo fuerte.

Este medio participó no hace tanto en unas jornadas en el Hotel Rafael Ventas de Madridde donde salieron las bases de una nueva estructura. Duró un suspiro pues el toreo hace una hoguera, se junta y, a la media hora, nadie sabe nada, cada cual a lo suyo. Ha habido reuniones mil, algunas incluso lograron que las administraciones firmasen un Decálogo que podría haber cambiado mucho la suerte del toreo. Posiblemente el futuro de Cataluña. Pero esta enésima reunión puede ser un nuevo remake de Caín mató a Abel, guión adscrito a este sector, una riña de suspicacias, un ombliguismo de chiringuito contra otro. O una nueva bravuconada de taberna o cafetería que suele ser brava en el momento y olvidadiza a la que se pasa la resaca. Ellos sabrán.