La estrategia de la tapia I TOROSENNAVARRA.COMlinea-punteada-firma1

JAVIER VILA > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Escribo bajo los efectos de la resaca que produce venir del campo donde he tenido la suerte de ver desde la tapia a la mujer con mas gusto  que jamás conoceré. Ni conocerán. Se llama Maite, y tiene el apellido de avenida torera: Alcalá. Y ahora entiendo a las mujeres que se enamoran de los toreros. Porque yo, con permiso de Paco, su marido y al que adora, me enamoraba viéndola acariciar a la becerra.

Y en este finde fuera de la gran urbe, pienso que pensar que la ciudad lo engulló todo es pensar parcialmente. Es pensar solo con ese lado del cerebro que nos hace creer que nuestro día es el día y que el resto de días son de noche. Pero no es verdad. Puede que lo rural no tenga marketing. Pero una sociedad sin personas que vivan en los pueblos es una sociedad sin alma. Y cuando comes esas migas con olor a lumbre y a café de puchero recuerdas que no venimos del mono sino de nuestros abuelos.

Y el toro viene del toro. Del campo, de la encina, de la chimenea y de esas gentes que saben por lo que dicen y por lo que callan. Y callan que el toro ha evolucionado hasta un extremo en el que emocionarse en una plaza empieza a ser difícil. Por previsible. Por perfecto. Y, sobretodo, porque ‘eso’ ya lo habíamos visto antes. En una evolución sin límites… que tal vez haya llegado al límite.

Y cuando se evoluciona hasta la línea del infinito hace falta involucionar. Y puede que sea fruto de esa necesidad de ir hacia atrás el hecho de que el toro este dando señales de volver al toro. 5.300 toros en las calles en el 2017 solo en la Comunidad Valenciana, un 20% más que en el 2016. Sin concesiones administrativas absurdas, sin feisbuks ni Tuiters, las calles de La Vall d Uxó o de Masamagrell se llenan para ver abrir el cajón y ver salir uno de Jandilla. Porque actualmente, aunque el toro se haya seleccionado de una manera insospechadamente perfecta para la plaza, la dehesa necesita la calle para vivir. Y tal vez para emocionar. Y es bueno asumirlo con orgullo, sin vergüenzas y sin complejos.

En teoría la Fundacion iba a ser el puente entre esos dos mundos aparentemente distintos y paralelos para unirlos en lo importante: el toro. Pero dos años mas tarde, y aún asumiendo que se han hecho muchas cosas y muy útiles, echo de menos los cimientos de esa organización que nació para asegurar la continuidad a largo plazo del toro como especie. No he visto por ningún lado un plan estratégico que sirva de hoja de ruta y que marque el camino de todos aquellos que quieran ponerse delante de un animal bravo, me da igual como.

Un camino que  abra definitivamente el melón de la endogamia sectorial y que suelte el lastre de su propia fe si quiere que sus nietos sigan creyendo en las capillas más allá de cuando se producen los milagros.

Mientras, yo, nosotros, seguiremos buscando momentos que nos hagan sentir que somos unos privilegiados por ser capaces de enamorarnos subidos a una tapia.