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Madrid (España)Imaginemos que el alcalde de Madrid prohíbe los toros en Las Ventas. Imaginemos que el Tribunal Constitucional, en apenas dos años, resuelve el pleito que presentan quienes no aceptan la prohibición. Imaginemos eso y, como eso en España es imposible, tendremos que imaginar que estamos en Colombia y en Bogotá. Porqueaquí, en España, país del Primer Mundo, el Tribunal Constitucional lleva el doble de tiempo, cuatro años, sin resolver el recurso de inconstitucionalidad que presentó el Partido Popular sobre la prohibición de toros en Barcelona y Cataluña.

Aquí, Primer Mundo, mundo desarrollado, Europa, nadie se ha planteado una huelga de hambre enfrente de la Monumental.El hambre, todos lo sabemos, es consustancial para con los países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo, esos países que no son Europa, tipo Colombia. El hambre era consustancial con el toreo, hablamos del hambre de comer pan con algo. Ahora ese hambre, que existe en nuestro país del Primer Mundo, no parece ser causa o razón para hacer nada. Peroel otro hambre, el hambre de defender un sentimiento, un derecho, una razón, un principio, es lo que nos ha desubicado. Lo que nos hace ser perdedores.

Esos chavales de Bogotá tienen, primero, dos cojones. Segundo, dos cojones para defender su sensibilidad y su derecho. Tercero, dos para presionar, para que nadie olvide la injusticia y el abuso cometido, dos para luchar con sus vidas y defender sus derechos hasta el límite de sus vidas. Son sensibles, son valientes. Quizá la mayoría de ellos jamás vayan a saborear las mieles del triunfo del toreo. Y lo saben. Pero saben que se puede usar voluntariamente la vida para defender su vida. Y las nuestras

Son un ejemplo de lo que nosotros ya no somos. Son civilizados en el sentido más civilizado de la palabra pues civilizado es quien lucha por su cultura, trabajo, tradiciones. Y quizá, incluso, estén en un país más desarrollado que el nuestro, pues la velocidad de la justicia es superior a la lentitud de la nuestra, aferrada al discurso político. Lastrada por el interés político. Colombia nos ha dado un ejemplo de civilización taurina. Porque existe esa civilización, que comienza por el civismo responsable de defender un derecho con nuestras propias vidas. Algo que nosotros no hacemos. 

Hemos urbanizado, civilizado, amanerado, domesticado, domado, puesto bozal y riendas y espuela a una fiesta que es brava por definición. Indomable. Pura. Racial, apasionada.Con este proceso de domesticación económica, política y social del toreo, hemos entrado en la no defensa. Es decir, hemos entrado en la manga de la indefensión. Porque creemos que los cauces civilizados son aquellos que entran dentro de las normas de juego que admite este sistema. Y quien hace la norma, hizo la trampa.Jamás lograremos que el toreo sea un derecho incuestionable si no salimos a las calles a defenderlo. Movilizarse.

Ponernos en ese lugar en el que se han puesto los chavales de Bogotá para hacer que la norma cambie, que el derecho sea derecho. Son bravos estos colombianos. Son civilizados. Los tienen bien puestos.

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