C.R.V
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Madrid (España).Qué somos. Qué es el toreo.  Cada día que pasa, cada tertulia frentista de los paniaguados de los partidos en las teles, cada cesión de voluntad hacia el poder global simbolizado en la banca (que no tiene patria), cada cesión frente al poder nacionalista (que tampoco tiene patria),siento que el toreo es la patria. Mi patria, al menos. Que consiste en una forma de percibir la vida, las relaciones humanas, una forma de sentir, de poner en valor palabras como esfuerzo, lealtad, sacrificio, pasión… Porque podemos discrepar entre los afines, pero nos ancla al suelo del corazón del mundo la misma fuerza de gravedad:  el toreo. Eso es, opino, el toreo.

El ADN de todo  los españoles y los descendientes de españoles en América, el ADN de nuestro paso por Europa, eso somos,  porque lo fueron nuestros antepasados. Esta afirmación tan desusada, que los sin patria calificarán de arcaica, trasnochada o caducada, es la que esta sociedad trata de desterrar. De aparcarla en el baúl del pasado. De avasallarla en nombre del progreso.El toreo no pertenece a  ninguno de los dos bandos en guerra de este país: el nacionalismoy el globalismo. Simbolizados, respetivamente, en Cataluñay Madrid/Berlín. Dos extremos que se dan la mano, uno prohibiendoy el otro ignorandoo desatendiendo.

¿Por qué  no pertenecemos a uno de esos bandos? Porque los sentimientos no tienen tribu, porque la pasión no cotiza en bolsa, porque las palabra tótem (amigo, sudor, hermano, bravura, entrega..) jamás serán nación sino patria. Porque el nacionalismo reniega de todo ADN que no sea el suyo. Porque ese globalismo pangermánico llamado Europa no tiene nación ni entiende de Patria. Porque cada nacionalismo en esta Nación que es España, usa al toreo como piedra para pedrada,sin que el nacionalismo de la Nación haga algo más que cedernos agua oxigenada. Unos nacionalismos nos lapidan.  El supuestamente afín no los detiene.Por eso lo digo de nuevo: el toreo es la patria de una nación sin fronteras.

Por esta razón somos tan incómodos. Han fabricado un catálogo en el que no entramos.  Cada aficionado que se emociona o cabrea, cada pase, lance, estocada, cada paridera, paseíllo, sequía…cada cornada, cada sangre,  les recuerda a unos y otros de los dos bandos,  quienes fuimos y quienes somos. Somos eso que les recuerda la aldea donde nacimos y que tratan de olvidar: nuestro pasado y presente. Somos quizá, esa mirada de gentes de bien que les recuerda que practican esa traición cainita que consiste en cerrar bajo llave todo lo que nos hizo distintos a un alemán, a un belga o a un chino.

Se escuchan rumores de nuevas guerras este invierno entre toreros, empresas, subalternos… Creo que de eso se alimentan los dos bandos que nos excluyen o prohíben. De esta relación amor/odio en la que ninguno tiene razón y todos tienen su verdad. Es decir, el panorama más perfecto para el diálogo. El diálogo incluso de los  que discrepamos tan feamente con la palabra o el escrito. Si un día esas verdades de cada cual lograsen encajar en una misma dirección, el toreo tendría la fuerza que tiene el viento en los días donde los huracanes recuerdan a todos que lo natural jamás podrá ser prohibido.

FOTOGRAFÍA: C.R.V

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