icono-sumario Tarde en figura de El Juli que se entiende por distintos registros con su lote, oreja de Perera y vuelta sin suerte de Roca Rey

Video resumen de la destacada tarde de El Juli, Puerta Grande en el coso de Cuatro Caminos I ISMAEL DEL PRADOlinea-punteada-firma1

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Para la estadística contará como sendas orejas que suman una Puerta Grande. Otra más en su historial en Santander. Esa regularidad que abruma e incluso menosprecia. Nada más lejos de la realidad. El que estuvo esta tarde en el coso de Cuatro Caminos sabe que El Juli sudó tinta para salir en hombros. Entendió como nadie, hasta mejorar, al noble pero endeble primero y se impuso como el mejor púgil en el intercambio de asaltos que se convirtió la faena al descompuesto y rebrincado cuarto, que soltaba la cara como un gancho directo al mentón. Capacidad privilegiada. La importancia de llamarse Julián y ser figura máxima del toreo.
La enésima demostración en una quinta de Santiago en la que Perera cortó una oreja que sabe a relamerse los labios con un lote de empacho. El mejor de una desigual -tres toros con opciones y otros tantos de machetear e ir directo por la espada- corrida de Garcigrande-Domingo Hernández en el esperado, pero sin suerte, regreso de Roca Rey tras la cornada en San Fermín.

Rompió plaza un castaño musculado y bien hecho, de lomo recto, con los pitones bien puestos, ‘Pocapena‘, de nombre. El Juli se hizo presente toreando por delantales, a pies juntos y de mano baja, muy relajado, casi con desmayo. Le siguió un gran quite intercalando chicuelinas y julinas a compás abierto todas. El toro tuvo nobleza y buen tranco, además de un buen fondo de casta, porque tuvo duración a pesar de no sobrarle las fuerzas. El Juli, muy inteligente, lo administró con sumo cuidado. Tandas cortas y otorgándoles los tiempos muertos necesarios para que el burel resistiera. La otra gran virtud del trasteo fue el manejo de las distancias de Julián, que le otorgó sitio al toro, lo lució hasta hacerlo todavía mejor de lo que fue. Aprovechó la movilidad del toro para ligar las tandas por ambos pitones en un trasteo que caló en el tendido. Ciencia pura. El epílogo, por circulares invertidos con las zapatillas cosidas al albero redondeó la obra. Lástima del pinchazo inicial, que dejó en una oreja con fuerza el balance final.

De un derrote seco partió la vara en dos el cuarto. Más basto de hechuras y altote, agalgado, con el hierro de Domingo Hernández abría más la cara. Astifino desde la mazorca, de pitón blanco. Hizo cosas muy feas durante la lidia y las corroboró en el último tercio. Era de machetearlo e ir por la espada. Muy complicado, porque se movía con carbón, descompuesto el viaje y cada vez más rebrincado. Además, soltaba mucho la cara. Un látigo. Tragó con estoicismo Julián, que supo esperar a que el toro perdiera algo de ímpetu. A partir de la tercera tanda, comenzó a imponer su ley. Faena de capacidad. Si El Juli no le podía, nadie lo tenía a su alcance. Y vaya si lo logró. Terminó ligando las tandas con el toro rajado literalmente al saberse podido. Pinchó antes de enterrar la espada entera. Pese al golpe de verduguillo, el tendido supo ver su enorme esfuerzo y pidió clamorosamente el trofeo. Oreja.

Más amplio de sienes que sus hermanos, algo acodado de cuerna, el quinto de Garcigrande tuvo fijeza y bondad. Devolvió el encierro a la calidad de los dos primeros toros. Brindó al público Perera y toreó con mando y poder para embarcar el viaje enclasado del animal de Justo Hernández. El animal persiguió la pañosa con nobleza. Perera lo entendió bien y le dio distancia para engancharlo con la muleta plana y muy puesta en todo momento. Economía de movimientos en el tramo final por circulares invertidos sin enmendarse. Trasteo que corrobora el buen momento del pacense. Se volcó sobre el morillo y hundió al cero hasta la yema. No fue suficiente, pero un certero golpe de descabello hizo aflorar los pañuelos. Se le pidieron las dos, pero una oreja fue el justo y medido premio.

El segundo fue un toro con las hechuras perfectas para embestir. Bajo, de lomo recto, armónico, corto de manos. Lo toreó con cadencia Perera a la verónica. Buenos lances, ganando terreno en cada uno para llegar a los medios, donde remató con tafallera y revolera. Expuso de verdad en el quite por saltilleras y gaoneras cambiando varias veces el pitón. Tuvo prontitud en las telas siempre el de Garcigrande, de enorme bondad y clase, se arrancó con alegría. Perera, que comenzó con tres cambiados por la espalda tras brindar al público, le dio sitio y toreó con mando en Dos tandas en redondo. Encajado y con rotundidad. Una más en el mismo tono al natural. Se vio tan cómodo que quizás se relajó en exceso. Llegaron dos inoportunos desarmes casi consecutivos, arrollado por la querencia, que mancillaron la lucidez del trasteo. A pesar del efecto fulminante de la estocada, ovación tras petición.

Bizarro‘ fue el toro del regreso de Andrés Roca Rey. Colorado chorreado en verdugo, el acapachado tercero no tuvo la nobleza de los anteriores. Echó la cara arriba en el peto y empujó solo con el izquierdo. Embistió a trallazos en los capotes y siguió con esa dinámica en la franela del peruano, que no estuvo nunca cómodo con el toro. Resultó muy correoso, porque a pesar de que repitió con celo y humilló, soltando constantemente la cara eso sí, fue muy pegajoso. Nunca dio un respiro al joven torero, que lo intentó, pero sólo consiguió llegar al tendido en una tanda sobre la diestra, avivada con un cambiado por la espalda. Mal con los aceros, fue silenciado.

Con el pial de Domingo Hernández, ‘Pillero‘ cerró plaza. Toro con volumen, de lo recto y buenas hechuras, pero que no hizo gala de las mismas con su juego sobre el albero. Se lo dejó crudito Roca Rey, pero poco pudo hacer más que probarlo por ambos pitones. El animal tendió siempre a puntear los engaños. Un molesto gañafón a mitad de la embestida que hacía prácticamente imposible templarlo. El peruano lo intentó, pese a la solicitud general de que abreviara, porque no había nada que sacar de ahí. Certero esta vez con la tizona. Silencio en ambos.

Hierro de Garcigrande - España Plaza de toros de Cuatro Caminos de Santander. Quinta de la Feria de Santiago. Lleno de ‘No hay Billetes’. Cuatro toros de Garcigrande y dos de Domingo Hernández, 4º y 6º, bien presentados. El 1º, de dulce embestida y buen fondo, pero poca fuerza; el 2º, buen toro, con fijeza, buen tranco, transmisión y duración; el 3º, correoso, soltó mucho la cara, el 4º, bruto, de embestida descompuesta y rebrincada, soltaba la cara como un látigo, se rajó al sentirse podido; el 5º, con fijeza, prontitud y ritmo, tuvo mucho recorrido; y el 6º, punteó los engaños con un molesto gañafón, violento al tocar las telas. Hierro de Domingo Hernández - España
El Juli, oreja y oreja;
Miguel Ángel Perera
, ovación tras petición y oreja;
Roca Rey
, silencio y silencio.

 

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