Por MÓNICA ALAEJOS
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El mensaje que proyecta la Tauromaquia actual fuera de sí misma, es ella misma. Sus gestos, su imagen e incluso sus palabras crean cada día el universo simbólico de representaciones que los sectores e incluso los individuos que comparten sociedad y cultura y que la desconocen se crean en su imaginario. Puede que a los de dentro no nos de esa sensación y seamos capaces de perfilar las declaraciones, de contextualizar los sucesos o de defender lo indefendible, pero más allá de nuestro ombligo, se nos ve anquilosados, jerárquicos, endogámicos y puede que hasta pasados de moda, porque la Tauromaquia actual es ,en sí misma, ese mensaje.

El diagnóstico de este mal pasa por detectar una falta de armonía del contenido con sus destinatarios, de la estructura del sistema con sus miembros y de una absoluta rigidez y falta de expresión. No sabemos qué queremos decir y mucho menos a quién queremos decírselo, se nos ha olvidado involucrar emocionalmente a los potenciales aficionados, parecemos incómodos en los discursos públicos a favor de obra y somos incapaces de comunicar nada. Siguiendo a J.B.Thompson, la identidad cultural debe ser contextualizada, como si en general fuese producida y recibida por individuos situados en contextos socio-históricos específicos, pero esa contextualización social también implica que nos enfrentemos a procesos complejos de valoración, evaluación y conflicto. La identidad cultural no es estática.

La Tauromaquia actual necesita un plan de comunicación estratégico que persiga los objetivos de informar, persuadir y motivar. Una estrategia que proporcione un marco conceptual hacia fuera, que tenga claras las instrucciones y que represente un cambio de mentalidad con nuevas formas de enfocar ese vacío de comunicación y de definición de los mensajes que queremos transmitir. No vale que cada uno de los actores comunique por su cuenta y genere desasosiego o configure procesos de opinión frente a cualquier asunto más o menos grave y lo haga sin pensar en las consecuencias que ese discurso tendrá fuera del sector.

La imagen que se percibe del sector pasa por la idoneidad de nuestras acciones, por la interpretación de los públicos y por la credibilidad que muestre la Tauromaquia. La imagen que proyectamos y que debemos proyectar no es aleatoria, debemos pensar en su proyección desde el conocimiento, conocer los gustos y las tendencias de nuestros mercados y actuar comprando espacios y utilizando las herramientas que el marketing pone a nuestro alcance. Necesitamos un plan de comunicación urgente.

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