MÓNICA ALAEJOS
Segui @Mónica Pérez Alaejos

Las redes sociales han evolucionado hacia un nuevo espacio público de flujo de corrientes de opinión, un nuevo espacio de deliberación sobre críticas y propuestas de diferentes personas, grupos o intereses privados. Al final, Twitter es un lugar donde la opinión pública sobre la tauromaquia y sus entresijos no emerge sólo de profesionales acreditados para ejercerla en los medios, sino de cualquiera que disponga de acceso a Internet, por tanto, de la gran masa de aficionados que quieren sumarse con sus opiniones al debate virtual.

Hasta ahí podría parecer lógico, e incluso apetecible de cara a la pluralidad de argumentos que siempre beneficiará a la fiesta pero llevo tiempo observando que teorías de los años 70, cuando ni siquiera existía la red ni en el pensamiento de nadie, siguen funcionando en los procesos de formación de opinión pública.

El Twittendido (es la manera de autodenominarse de los usuarios de la red para temas taurinos) se ha convertido en el lugar donde la mayor parte de los aficionados y profesionales que lo usan, manifiestan sus opiniones o se suman a la opinión mayoritaria que se va forjando sobre los distintos temas de la agenda que marca la actualidad, de esta manera se define el clima de opinión general sobre el torilero de Las Ventas, el spot de Talavante o la encerrona de Moranteen Ronda. Aunque la espiral del silencio sigue funcionando porque la mayor parte de los usuarios primero identifican las opiniones mayoritarias para luego sumarse a ellas y no quedar fuera de juego, la virtualidad de la red genera un efecto paralelo de ruptura con las mayorías que se vuelve posible muchas veces amparado tras pseudónimos y falsas identidades. Puedo decir ‘lo que me salga del bolo’ porque nadie sabe quién soy. Aquellos que lo hacen teniendo la impresión de que sus opiniones están adquiriendo peso y presencia, consiguen cada vez más seguidores, se sienten fuertes y aparentan tener más partidarios de los que realmente tienen.

Pero no nos equivoquemos, las redes sociales no son medios de comunicación, son sólo foros de opinión libre o no, sobre las cuestiones que preocupan o interesan cada día y esa virtualidad es lo que las hace únicas. El anonimato en la red, es una variable que condiciona el mensaje y el significado de la comunicación. Su análisis no sólo corresponde al ámbito de la protección de datos, sino, también al de la libre expresión. Es tarea de la ley resolver el conflicto entre el derecho a la libertad informática, la identidad digital y la protección de datos para acabar de una vez por todas con la valentía de salón.

Twittear