Hay una sensación en las filas del taurinismo profesional de derrota isidril. No se comenta en público y se deja a los aficionados o a la prensa que opinen o muestren su enfado mientras ellos prefieren opinar bis a bis. Lo que no dicen se parece mucho a lo que dicen los demás, que, con frialdad de análisis, han embestido muchos toros o bastantes toros y que el resultado con ellos ha sido escaso. Ha habido más lagunas en la presentación, rechazo y aprobación de toros que su contenido, con corridas francamente malas. Pero han embestido toros suficientes como para que esta feria hubiera tenido otro final.

Lo que apenas se dice es lo que este medio viene manteniendo desde hace muchos años. En cualquier espectáculo el artista cobra en función de su rendimiento y se le exige en función de su caché. Pero en el toreo se pretende que alguien de caché bajo tenga un rendimiento frente al toro bueno similar a una figura. Y eso es imposible. Puede suceder que, de pronto, un torero de los llamados “modestos” alcance un buen nivel con un toro bravo. Que triunfe. Pero servirá de poco porque resulta ser más azaroso o circunstancial que una realidad sólida. Tampoco se está escribiendo sobre una idea que horroriza. Madrid está enterrando novilleros. No sólo no los saca adelante sino que los manda a su casa.

Varios empresarios ya hacen cábalas para presentarse por Madrid y lo que se escucha es más de lo mismo, con los mismos parámetros: alguien que avale, alguien que de los puntos, si va a haber tele o no, …es decir, lo mismo para lo mismo, que puede salir como esta o un poco mejor. En la  Comunidad andan con temor propio: cómo compaginar ahora la Fiesta como Bien de Interés Cultural con el nuevo pliego. Quien lo va a redactar. ¿La zorra en el gallinero?. ¿Administradores que busquen ingresos?. Que quiere del toreo en las Ventas la Comunidad aún no se sabe y, seguramente tardaremos aún este año y el siguiente. Hasta después de las elecciones.