JAVIER VILA

Reclamaban anteayer trescientos mil catalanes. Cosidas las manos, unidos los corazones y un solo grito: Libertad. Libertad para divorciarse de andaluces, madrileños y gallegos. Y en ese divorcio unilateral, libertad para fijar las reglas del convenio:

– ‘lo que esté de la raya para arriba es mío’
– ‘no, ‘mireusté’, eso no puede ser porque eso que está ahí es el Puerto de Barcelonay ‘es’ de una cosa que se llama Fomento y ‘eso’ pertenece al cónyuge’
– ‘Osti tú, i ara que fem’
– ‘pues’ usté’ dirá’.

Y andaba yo pensando en el significado de esa libertat que reclamaban cientos de miles cuando me llamo mi padre desde Albacete, con la emocion excepcional y sincera de los que a cierta edad ya estan de vuelta de todo.

– ‘Qué pena que te hayas quedado en Barcelona. Perera indultó ayer un toro de Daniel Ruiz. Y El Juli…cómo está El Juli‘.

Y mientras lo escuchaba recordaba el olor a patio de caballos y a merienda. Y me parecia oir el runrún de los tendidos repletos de gente, y es que, escuchar a mi padre me trasladaba a una época en la que septiembre significaba para mi diez días seguidos de toros. Era yo un niño con suerte, y es que mis primeros recuerdos se acuerdan de Paquirri, Capea y Dámaso. Sobre todo de Dámaso y su forma de templar sin inercias la embestida del toro parado de los 80.

Cuando colgue el telefono y vi a toda esa gente vestidos de amarillo reclamando libertad me vi a mismo hace unos dias cogiendo el coche camino de Céretpara ejercer mi libre derecho de ser aficionado a los toros. Pensé en mi hija que hoy comienza el ‘cole’ a la que no le dan la posibilidad de estudiar una parte del temario en su lengua materna… y decidí apagar la tele.

Cogí el teléfono porque mi whatsapp no paraba de notificar nuevos mensajes. Me di cuenta que una parte de mis amigos habían cambiado su foto o la de sus hijos por una camiseta con la palabra LLIBERTAD. Todos los mensajes hablaban de ‘España’, ‘Catalunya’ y una demanda de divorcio. Escribí alguno con mi punto de vista pero sólo recibí libres respuestas cuestionando mi libertad para dar opinión.

Cansado, decidí meterme en la cama. Me dormí pensando en el verdadero significado de la palabra libertad. A mi mente venia la imagen de un negro toro de Daniel Ruiz volviendo a la sierra de Alcaraz despues de haber seguido hasta el infinito el vuelo de una muleta. Y entre sueños me acordé de mi padre sintiendo la emocion de una embestida por abajo.

Me he soñado de niño, un negro toro del Conde de la Corte se le paraba a Dámasoa un palmo de sus muslos, mientras el, impávido, le quitaba la muleta de la cara y le acariciaba el testuz.

Hoy he soñado que era libre.

FOTOGRAFÍA: Dámaso González en Albacete en 2003 / MUNDOTORO

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