icono-sumario ‘Carmena es propiedad de ese grupo inconcluso y ageneracional de gentes que revisan todo, como te revisan en Caracas la maleta’

icono-sumario ‘Marxistas en la época del olvido de Marx. Ansiosos por salir de su armario pseudo ideológico. Apologistas del éxito bíblico de la defecación de las mascotas’

Manuela Carmena, en imagen de archivo I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

ARTÍCULO DE C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Carmena no me gusta en un plano objetivo. Es decir, su físico me encaja en su valoración, y su valoración son sus actos. Esta señora tiene un pedigrí elitista desamparado por sus actividades neopopulistas, una mezcla entre Evo Morales, Maduro, y Chaves con el look de Carolina Herrera and Louis Vouiton. Para ser más claro, es como si te vistes de diez pero los zapatos hacen la guerra al bolso. No me fío ni de lo que dicen que ha dicho del Batán ni de lo que vaya a decir de los toros. Si me fiara, yo sería o el bolso, o los zapatos. Y yo de esa señora, con mis respetos, no quiero ser nada. Entre sus ideas y las mías, que corra el aire.

A mi esa forma de decretar o gobernar o anunciar o plebiscitar por medio de webs y redes sociales, me parece un fuera de lugar de su edad y de su seriedad como jurista que fue. Claro que ahora tonto y twitter, además de comenzar por la ‘t’, casan muy bien. Los populismos sin las redes son como el hortera sin transistor de antes o el olivo sin mochuelo. No. No me fío. No creo que vaya a dejar exponer toros en El Batán. No creo que vaya a dejar que las Tauromaquias tenga su escena íntima o su laboratorio en ese espacio. No creo que deje torear allí. Porque Carmena no es de ella, Carmena pertenece a otros.

Carmena es la lideresa, tipití, tipitesa, de todos aquellos alejados de su generación que necesitaron de alguien de su generación para que vean lo enrollados que son y para que vean que las revoluciones no tienen edad. Carmena no es de ella. Carmena es propiedad de ese grupo inconcluso y ageneracional de gentes que revisan todo, como te revisan en Caracas la maleta, a la búsqueda de lo que no hay, pero que existe: tu pecado por no ser ellos. Aspirantes eternos a novelistas obtusos que filosofan unos quince años sobre si el punto y la coma es superior a punto y seguido. Marxistas en la época del olvido de Marx. Ansiosos por salir de su armario pseudo ideológico. Apologistas del éxito bíblico de la defecación de las mascotas. Aspirantes eternos a escultores con manos no aptas para el arte, renegados del tabaco menos del de liar, porque es mas sano. Apologistas del indigenismo como terapia sexual. Carmena es de ellos. Y ellos, de toros y de Batán…

Carmena, a riesgo de ser llamado machista, me recuerda a Loli. Una amiga íntima de un amigo medio íntimo que no me gustaba y si le gustaba mucho a mi amigo no tan íntimo. En una visión de dos segundos sacaba un ocho o un nueve. En una visión de cuatro segundos la cosa cambiaba. Era pálida, pero con una blancura que era tinte industrial. Tenía una nariz, describo, que parecía prestada de otra cara. Y demasiados dientes. No grandes. Demasiados. Me recordaba a esa caricatura del pato Lucas cuando se quedaron incrustadas las teclas de un piano en el pico, al hombre, como dos filas de muchísimos incisivos que no tocaban melodía alguna. Loli. Sin embargo tenía un atractivo único: el asentimiento.

Parecía aceptar a todos de un modo simpático y honesto fuera de toda duda, Como Carmena, que pareciera ser inmune al no a cualquiera. Con una sutil dulzura aparente que, reiterada en el tiempo, o es tic o es sobreactuación. O, en tercer caso, cuestión de hacérselo ver por un médico. Me ponen alerta las gentes que nunca se enfadan. Carmena asiente sin necesidad del sí, niega sin necesidad del no. Como Loli. Bueno, Loli tenía otra lógica, su si era un no y su no un seguramente si. Mi amigo no tan íntimo tardó casi un año en lograr descifrar esa clave, hasta que Loli se le fue con un profesor de gimnasio. A él, que era de letras y flaco como Gandhi. Se tardó el hombre. Como tardaremos en descifrar las claves de Carmena, de quien no me fío.