icono-sumario Los astados de la divisa gaditana recorrieron el trazado en 2 minutos y 50 segundos, tras tardar el toro castaño medio minuto en entrar en los corrales.

Video del quinto encierro de las fiestas de San Fermín I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

ISMAEL DEL PRADO > Pamplona

Fulgurante. La variada en pelajes corrida de Núñez del Cuvillo -tres toros negros, dos jaboneros y uno castaño- protagonizaron una carrera trepidante llena de caídas y golpes fruto de la tremenda velocidad que alcanzaron las reses gaditanas en las calles de Pamplona. Una carrera de récord, de apenas 2 minutos y 16 segundos, que, sin embargo, se prolongó hasta los 2 minutos y 50 segundos por la caída del ejemplar castaño en la misma bajada al callejón, al que costó levantarse, primero, y después, entrar en chiqueros, muy despistado, en el ruedo navarro.

Fruto de estos atropellos de las reses, el primer parte de heridos habla de tres solicitudes de traslado. Una primera en el tramo final de la calle Estafeta, con Espoz y Mina, por una contusión no penetrante en el brazo derecho. Los otros dos traslados se produjeron en la zona de Telefónica, por sendas contusiones: una, maxilofacial, y otra, con deformidad, también en el brazo derecho.

La manada salió compacta de los corrales de Santo Domingo, aunque ya en el comienzo de la cuesta, un toro negro tomó la delantera por el lado derecho de la calzada y barriendo con tremenda velocidad ese lado abrió el grupo de astados obligando a carreras cortas y muy explosivas.

Ya en la curva de Mercaderes, uno de los jaboneros relevó a su hermano de camada por el lado izquierdo y ya no dejó la cabeza hasta toriles. El burel incluso se distanció unos metros por delante del resto de la manada dando lugar a bonitas carreras y muchísimas caídas en la cara del toro. No obstante, ni ese toro, que arrolló a media docena de corredores a la salida de la curva de Estafeta, ni los otros cinco, que permanecieron unidos junto a los cabestros a unos pocos segundos de distancia, liderados por un toro negro, hicieron un sólo feo a los mozos. Siempre fijos los toros en su carrera.

El momento de mayor tensión llegó en la bocana de la bajada al callejón. Cuando varios mozos caídos propiciaron la caída de hasta tres ‘Cuvillos‘. Dos de ellos se levantaron rápidamente y entraron junto a la manada como habían hecho durante toda la carrera, pero el toro castaño se quedó en el asfalto, incapaz de levantarse. Tuvo que ser ayudado por los mozos para proseguir su camino, ya en solitario. Fruto de esa soledad, el toro, muy distraído, obligó a trabajar a destajo a los dobladores, que consiguieron meterlo en toriles medio minuto después de sus hermanos.